Crónicas

El cuarteto: el ritmo que atravesó fronteras y prejuicios

En 2018 se cumplieron 75 años del nacimiento del “tunga-tunga”, nombre original que recibió este ritmo. El autor de esta nota traza un recorrido por la historia del cuarteto, la música popular cordobesa, sus ídolos y su permanente evolución.


Por Daniel Santos, para El Faro

“Cuando nos presentábamos en la radio, muchos pianistas se subían al palco para ver de cerca cómo usaba los dedos. Ese ritmo nadie lo hacía y creo que fue una innovación. Por la forma en que me miraban, era como si se hubiera descubierto algo”, cuenta Leonor Marzano, quien lo descubrió de un modo casi natural: en su forma de acentuar los ritmos sobre las teclas del piano con la mano izquierda, aquella herencia de tarantelas italianas y pasodobles españoles que interpretaban para “la gringada” se había convertido en otra cosa.

El nombre del cuarteto derivaría de la formación de una orquesta de cuatro, pero aquella mujer, hija del músico y ferroviario santafesino Augusto Marzano, que apostó por ella incluso poniendo su nombre al Cuarteto Característico Leo, fue la que inventó el género que acabaría revolucionando a Córdoba y a buena parte del interior argentino. Una mujer en un mundo de hombres, de bailes, de madrugadas.


Pocos géneros guardan para sí una fecha de cumpleaños. La música popular cordobesa tiene la del 4 de junio de 1943, cuando La Leo se presentó por primera vez en los estudios de radio LV3 y se firmó la partida de nacimiento. Pasaron 75 años, pero más allá de que el género característico evolucionó y se fusionó con ritmos tropicales, mantiene todavía la esencia y la alegría contagiosa de sus inicios. 

Durante años marginado, en las últimas tres décadas el cuarteto logró aceptación social, superó los prejuicios de clase y llegó a todo el mundo, incluso cruzando las fronteras cordobesas y consolidándose en el norte argentino y hasta en Buenos Aires. Carlitos “La Mona” Jiménez lo hizo primero (y lo hace todavía); “El Potro” Rodrigo, después. 



La gran industria cultural

De aquellos orígenes precarios, en recitales de lunes a lunes en patios de tierra y guirnaldas de luces de colores, a este presente como la industria cultural económicamente más importante que tiene Córdoba, ha pasado de todo. 

Hubo prohibiciones, reconocimientos, recitales masivos, récords de ventas, carnavales cuarteteros, festivales frustrados, escándalos (se cumplieron 30 años del paso de La Mona por el festival de Cosquín), hasta películas sobre las principales figuras que en los últimos tiempos, con el revival que viven los ídolos populares en las pantallas (Gilda, Luis Miguel, Charly García, Gustavo Cerati, y un larguísimo etcétera), coparon las carteleras: Rodrigo Bueno fue retratado este año por Lorena Muñoz en El Potro, lo mejor del amor; Jiménez será parte de un proyecto que abordará sus primeros años de carrera, llamado Tunga -del director cordobés Rosendo Ruiz (De Caravana)-, donde tendrá una participación en el filme, pero eligió un papel menor para interpretar a un cantante de tangos... de cabaré. 

En una entrevista con La Voz del Interior de 1989, Leonor Marzano recordaba aquellos primeros años de entusiasmo juvenil que se prolongaron durante casi tres décadas de trasnoches, uñas rotas o sangre en las yemas de los dedos tras largas veladas de bailes interminables: “Nosotros tocábamos algo distinto que los divertía mucho. El estilo nuestro prendió enseguida y poco después de que salimos se habían formado en Córdoba más de 70 cuartetos que querían hacer lo mismo”.


De aquella semilla sembrada a mediados de la década de 1940 surgieron muchísimos imitadores, pero la gloria y la masividad del “tunga-tunga” unos años después, con el nacimiento de grandes solistas y orquestas emblemáticas como el Cuarteto Berna con un adolescente Carlitos Jiménez (1967), el Cuarteto de Oro (1972), Chébere (1973) o Tru La Lá (1984), entre tantas. 

La aparición de solistas no era menos fructífera, algunos tras desprenderse de sus orquestas típicas: “El Mostro” Sebastián, Ariel Ferrari, Carlos Rolán o “El Rey” Pelusa eran los protagonistas de cada fin de semana en cada club y salón social cordobés. 

Con museo propio

La masividad sostenida por los artistas del cuarteto - aunque algunos nombres hayan variado por el natural recambio generacional- dio origen a muchos proyectos que buscan ubicar al género en un lugar preponderante, legitimado más allá de los populares bailes de cada semana. Tal es el caso de la creación de un Paseo de la Fama, la determinación de enseñar su historia en las escuelas, el intento para consagrarlo Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad de la UNESCO, como el tango rioplatense, el candombe uruguayo o el fado portugués.

El último hito, quizás el más sólido de estos últimos años, es la anunciada creación del Museo del Cuarteto Cordobés. El proyecto fue aprobado por la Legislatura provincial este 2018, y propone la inclusión de objetos e instrumentos pedagógicos para recrear la historia y la difusión de sus creadores de hoy y de siempre. Así lo confirmó Marcos Bovo, vocal de la Agencia Córdoba Cultura, quien adelantó que están en el proceso de desarrollo del proyecto final, en conjunto con los principales referentes de la música local.

El Museo estará ubicado en tres plantas del viejo edificio de la Caja de Jubilaciones y Retiros, en la céntrica esquina cordobesa de avenida Colón y Rivera Indarte, e incluirá programas audiovisuales, exposición de objetos y hasta salones para realizar algunos conciertos acústicos.

Los nuevos y los de siempre

A la vitalidad del cuarteto es posible apreciarla en la apretadísima agenda de bailes de cada semana, en grandes espacios o pequeños boliches que explotan de público y de fiesta. 

Hace tiempo que Ulises Bueno es el número uno en convocatoria, ventas y hasta reproducciones en plataformas como Spotify. Lejos de aprovecharse de la gloria de su hermano mayor, logró construir un camino y estilo propios a lo largo de los años. 

Por supuesto, la incansable Mona Jiménez sigue en plena actividad. En enero celebró los 50 años con la música, y aunque tuvo que superar algunos recientes problemas de salud, mantiene firme su agenda de shows y de grabaciones (ya va por 90 ediciones).

El monumental Sargento Cabral, el Estadio del Centro, el Superdeportivo, la Plaza de la Música o Forja son los principales lugares de la Capital provincial en los que los cuarteteros son amos y señores, pero el circuito es mucho más amplio, y allí conviven estas grandes figuras inoxidables y las nuevas promesas, que cada tanto proponen una pequeña revolución.

“El Rey” Pelusa, “El Negro” Videla, Tru-La-Lá, Chébere, Cachumba, La Barra (esta última responsable de que el cuarteto ganara espacios en boliches y fiestas “cool” entre los años 90 y la década del 2000), Banda XXI, “El Loco” Amato o Damián Córdoba son los nombres fuertes de un género siempre en evolución. 

Pasaron 75 años desde que aquella mujer reescribiera la historia musical de Córdoba, pero entre las nuevas estrellas que quieren ganar su lugar en la consideración y el baile popular y los clásicos de siempre se asegura que la llama del tunga-tunga se mantendrá encendida.

Chébere


"El Negro" Videla


Pelusa


Damián Córdoba


Banda XXI, de Río Cuarto