Entrevistas

Entrevista a Paula Shocron: “Hay una búsqueda de espacios con la mayor libertad posible

Desde la infancia, Paula Shocron dedica su vida a la música. Desde el piano al cello, del clásico al jazz, integrando el aikido y la danza, lo escénico, el uso de la voz y la composición más experimental, su camino está signado por una búsqueda constante.

¿Cómo fue que el piano apareció en tu vida?

Más que el piano, yo diría como fue que la música apareció… y venía desde hace mucho antes de que yo naciera. En mi familia había muchísima música por todos lados, por mi lado materno y por mi lado paterno. Un abuelo baterista y constructor de instrumentos, una abuela cantante y pianista, otra abuela que había aprendido piano, y de hecho fue ella quien me pagó las clases a tan temprana edad; mi madre tocaba algo de guitarra y cantaba en el coro y mi papá estudió guitarra también. El piano fue circunstancial, ya que había uno en la casa de mi abuela y por ahí empezó todo. 

¿Dónde y con quiénes te formaste?

Me formé de pequeña en una escuela de música, el Instituto Pro-música de Rosario, desde los 5 a los 16 años. Luego en la Universidad de Rosario estudié la carrera de Composición. Allí encontré a mi maestra Diana Rud, que es compositora; ella fue quien me acompañó en los 6 años más fructíferos a nivel formación académica. Fueron momentos de mucho aprendizaje. Con el piano la cosa fue diferente, a los 19 años tuve una fatiga muscular muy grande y tuve que deshacer técnicamente todo para empezar a investigar por mi cuenta. El aikido fue uno de los inicios de esta re-educación, que fue prácticamente autodidacta. Luego también empezó el camino hacia la investigación del movimiento. 

¿Por qué elegiste el lenguaje del Jazz?

El Jazz fue en su momento la forma de salir de algo más estricto. La música clásica, no como música simplemente, sino junto a todo su entorno y sus convenciones fue rigidizándome. La improvisación fue algo que practiqué desde muy pequeña y siempre se mantuvo a mi lado. Lo lúdico de la música, el hablar-con-los-sonidos me fue siempre muy natural. Al llegar a este punto de estructuración máxima fue el Jazz la música que me ayudó a romper, no fui a buscarlo, simplemente vino y yo me sumergí a estudiarlo y a experimentarlo. Ahora sí, el Jazz también tiene sus convenciones y en una próxima etapa fue necesario dejarlas de lado para poder seguir adelante. Con el tiempo, la música clásica volvió a mis prácticas cotidianas de una manera totalmente diferente, transformándose en un nuevo espacio para investigar. 

¿Tenés músicos referentes a los cuales escuchás frecuentemente en grabaciones o en vivo?

Hoy por hoy no estoy escuchando mucha música en general. Sí escucho algunos discos que trabajamos después con mis alumnos en el Conservatorio, pero los escucho con fines más didácticos. En este momento necesito más de otras ramas artísticas, voy a ver de vez en cuando teatro o danza. A veces voy a conciertos de amigos, y como no sucede muy a menudo, cada vez que pasa lo disfruto muchísimo. 

Tu producción transita por diferentes lenguajes constantemente, de hecho hay temas que si uno los escuchara descontextualizados no podría imaginarse que viene de alguien del Jazz. ¿A qué se debe esta búsqueda por fuera del marco habitual?

Claramente hay una búsqueda de espacios con la mayor libertad posible. El Jazz, desde un punto de vista más estricto, fue un pasaje de un momento a otro de mi vida, pero no un lugar donde quedarse mucho tiempo. La búsqueda de un lenguaje propio me fue llevando a lugares más difusos. Hoy por hoy, me encanta estar e investigar en ellos. Ahí se integran el movimiento o la danza, lo escénico, el uso de la voz, la composición más experimental, también otros instrumentos, como el cello, que lo estudio ya hace unos años. Sin embargo, ya en un sentido más amplio de la definición de jazz, les es cómodo o práctico a los sellos, a las revistas o blogs especializados, a los críticos, etc.) incluir esta música dentro del género, pero como te darás cuenta, estoy siempre transitando en los límites.

¿Cómo fue ese proceso que hiciste con el aikido para resolver ciertas dificultades físicas que se te presentaron? Uno como músico podría pensar en los métodos corporales como Dalcroze, Feldenkrais o Rabine. ¿Cómo te ayudó el arte marcial? ¿Este aprendizaje tiene relación con tus proyectos IMUDA y "Creatividad en Movimiento"?

El aikido fue el comienzo por volver conciente el tema de que los músicos tenemos un cuerpo y cuanto más lo trabajamos, más vamos a entender nuestra relación con los instrumentos. Obviamente después pasé por el yoga y cuando entré al mundo de la danza allí empezó el camino del movimiento, ya no sólo en relación a la música o a un instrumento, sino en relación a la expresión con el cuerpo, otra tonalidad más que se sumó al campo musical… Tanto la experiencia como directora de actividades de Creatividad en Movimiento, como también Proyecto IMUDA que hoy aún sostengo, como taller anual El Cuerpo Rítmico, fueron y son espacios para seguir investigando, de allí surgen nuevas formas de hacer música también, ningún mundo se cierra sobre sí mismo. 

En el Jazz escuchamos a muchísimas mujeres vocalistas reconocidas y consagradas, pero cuando nos trasladamos a la parte instrumental el porcentaje se reduce considerablemente. ¿Tenés alguna opinión formada al respecto? 

Hoy en día con todo lo que está empezando a salir a la luz, creo que tu primera pregunta se está respondiendo sola. En un ambiente tan masculino, desde su origen, donde el jazz estaba relacionado con burdeles, con la noche, la trampa, donde la mujer era tratada como un objeto o era el ingrediente atractivo en un grupo de instrumentistas hombres y, si bien las cantantes encajaban muchas veces en este modelo, no eran situaciones muy felices que digamos para ellas, entonces se fue dejando afuera a muchas mujeres que tenían otros intereses o no encajaban en este modelo, sean instrumentistas, o inclusive cantantes. Es muy triste que el mundo todavía esté regido por estas normas, incluso mucho más allá del jazz. Mujeres muy talentosas existieron siempre, pero nunca se les dio el espacio que tenían los músicos hombres, incluso yo me he sentido, y también hoy a veces me siento, discriminada por cuestiones de género. Abrirse camino fue y sigue siendo difícil, hoy me siento más acompañada. En mis inicios no tanto, pero en buena hora, la cosa está cambiando. 

¿Cómo surgió tu veta docente?

La docencia para los músicos muchas veces es, al comienzo, simplemente un trabajo para poder vivir, complementario a la actividad artística. Si bien muchas personas eligen quedarse en ese lugar, para mí se fue transformando con los años.  Ya hace 12 años que enseño en el Conservatorio Manuel de Falla, en un excelente espacio de intercambio. Todos los años voy afilando el trabajo, observo, escribo mucho, y cada vez me devuelve más alimentando toda mi actividad artística. También con el tiempo, la distancia generacional con los alumnos se fue agrandando y eso también me fue obligando a reformular. ¡Sigo aprendiendo un montón de ellos! El taller, que ya va a transitar su tercer año, es un lugar para hilar más fino, para ahondar en los miles de abordajes posibles. Para mí estos dos espacios se complementan muchísimo y son muy necesarios. 

Contanos un poco acerca del sello discográfico NENDO DANGO Records...

NDR es una plataforma que creamos junto a Miguel Crozzoli y Pablo Díaz para poder subir la música en la que estábamos involucrados. La experimentación sin una etiqueta precisa no tiene muchos espacios a nivel discográfico, por eso creamos uno nosotros, para sentirnos libres de poder hacer música y que esa música pueda expandirse hacia todas partes. También esta fue, y sigue siendo, una excelente oportunidad para practicar la autogestión, ya que, en la mayoría de los casos nos encargamos de todo, no sólo la música sino también del diseño de los discos, arte, fotos, difusión, etc., lo cual también nos da mayor libertad aún. 

¿Cómo ves el panorama actual del Jazz a nivel federal?

Puedo hablarte acá de dos niveles. A nivel institucional, nunca tuve muchas oportunidades con los proyectos más abiertos, ya que se limita muchas veces a ciertos lineamientos o formas específicas. La música experimental, o el jazz experimental, aparece algunas veces, pero en contextos académicos. Es un tema muy complejo, gestionar a nivel cultural es muy complejo, y habría que transitar mucho -a mi parecer- para llegar a una democratización mayor de todos los terrenos artísticos.  En este punto, podríamos abrir una ventana a una nueva charla y duraría muchísimo. Por otro lado, está el nivel más autogestivo. Es decir, personas que se juntan con un propósito artístico similar, organizan y se organizan. En este aspecto, estoy conociendo, y cada vez más, circuitos alternativos que están super activos en algunas ciudades, como Córdoba, Rosario, La Plata, y acá en Buenos Aires. Entre ellos se producen intercambios, grabaciones, conciertos, de manera comunitaria y autogestiva. Esto sucede en el país, pero también en todo el mundo, como una red. 

¿Qué proyectos tenés para el futuro?

¡Muchas cosas! Hay giras por venir, a ciudades europeas en febrero 2019. Quizás también a Nueva York más adelante, un intercambio que venimos sosteniendo junto a Pablo Díaz hace ya cuatro años. Muchos proyectos musicales o performáticos con distintos artistas de distintas ciudades del mundo; discos por salir; los talleres seguirán transitándose; como así también nuevas grabaciones ya programadas para 2019. Es un momento donde investigar y hacer te sostienen, y es la única manera, creo yo, para que se sigan abriendo nuevas puertas. 

Foto: Sam Nacht