Entrevistas

Luis Gorelik: “El 99% del trabajo del director de orquesta es el que no se ve"

Nació en La Plata, se formó con Pedro Ignacio Calderón, en Argentina, y se graduó con distinción en la Academia de Música Rubin de Jerusalem. Actualmente, dirige la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto. En esta entrevista, Luis Gorelik nos cuenta cómo hacer convivir a una sinfonía de Mahler con un concierto junto al Chango Spasiuk o Hugo Fattoruso.

¿Cuál fue su primer contacto con la música?

Seguramente en el vientre materno, aunque mi primer memoria musical consciente son las ¨Canciones para mirar¨, de María Elena Walsh. Escuchaba ese disco con insistencia en mi primera niñez, y recuerdo haber ido a su recital en un teatro de Buenos Aires. Mi padre siempre comentó (Aunque no puedo dar garantías de que la historia no sea invento suyo...) que en el recital, a mis 4 años, me quejé porque el acompañamiento de la guitarra era diferente al del disco...
 

¿Cuándo decidió seguir la carrera musical?

A mis 18 años venía bastante encaminado en el estudio de la guitarra clásica, de la mano de Irma Costanzo, quien era mi guía en aquel entonces. Para esa época decido comenzar estudios de Dirección Orquestal y tuve la fortuna de ser aceptado como alumno particular por el Mtro. Pedro Calderón, quien fue mi mentor y me introdujo en esta apasionante profesión. Paralelamente, estudiaba composición en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, bajo la guía de Gerardo Gandini, Virtú Maragno y Sergio Hualpa. Luego, tras una interrupción forzada durante mi servicio militar en 1982, continué mis estudios en Israel, junto al enorme director y docente Mendi Rodan. Allí obtuve mi posgrado universitario y comencé de a poco a realizar lo que podría llamarse una actividad internacional.


Mucha gente no entiende el rol del director de orquesta en tanto que cada músico tiene su propia partitura a seguir. ¿Se puede explicar brevemente?

La partitura es un texto, y como tal, muy impreciso e imperfecto. La música no está en el texto, sino que está ¨entre¨ el texto, o mejor dicho, en donde el texto no llega. El director orquestal, al igual que el director teatral, está a cargo de llevar adelante una recreación de dicho texto, junto al resto de los  intérpretes, en este caso los músicos. El 99% del trabajo del director de orquesta es el que no se ve: es el trabajo realizado durante la preparación de las obras y la consolidación de un estilo interpretativo. El concierto incorpora aquellos elementos emocionales únicos que pertenecen a lo intangible, que es la interpretación en vivo, con la presencia de público.


¿Cuáles es su manera de trabajar una partitura? ¿Toma apuntes, la memoriza, escucha versiones de otros directores?

No hay una sola manera. El proceso de acercamiento a una obra es complejo y va cambiando según las circunstancias y las herramientas de las que se disponga. Todo sirve. A veces el proceso de estudio de una partitura lleva años, y otras menos tiempo. Depende. Lo importante es contar con la mayor cantidad de herramientas posibles, tanto analíticas como interpretativas. 

 

¿Tiene compositores preferidos?

Por suerte, eso también es un parámetro cambiante. En una época en la que está de moda la especialización, es decir ¨Saber más de menos¨, yo soy de los que disfrutan de ¨Saber menos de más¨. Afortunadamente mi derrotero profesional me lleva a compartir las obras que amo, como las sinfonías de Gustav Mahler, por ejemplo, con música de autores que no pertenecen al nicho clásico, como Egberto GIsmonti, Piazzolla, Saluzzi, y muchos otros. De esta forma me mantengo vivo intelectualmente y doy rienda suelta a mi necesidad de continuo aprendizaje y cuestionamiento.  

 

¿La música orquestal es elitista?

La música no es elitista. El elitismo está anclado en determinadas organizaciones gubernamentales o privadas. Y por ello es que el deber de un músico radica en gran medida, en derribar estas barreras que en la mayoría de los casos son puramente culturales.


Usted dirige la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto". ¿Cómo es dirigir dos orquestas con repertorios aparentemente tan distintos?

Disfruto mucho del cruzamiento de repertorios. Me considero un privilegiado de poder dirigir, por ejemplo, una semana una sinfonía de Mahler o un poema sinfónico de Richard Strauss y la semana siguiente un concierto junto a Chango Spasiuk o Hugo Fattoruso. Justamente ese cruzamiento de estilos es en mi opinión el camino que debe seguirse para reposicionar nuestra actividad en un terreno al cual tengan acceso todos los públicos, sin elitismo, precisamente.


¿Qué características tiene que tener un músico que quiera aspirar a la dirección orquestal?

Excelente pregunta. En primer lugar, debe poseer condiciones musicales sobresalientes: gran estabilidad rítmica, fina discriminación auditiva, sentido del equilibrio estético y capacidad de un adecuado diseño de los niveles sonoros y tímbricos. Luego, condiciones desarrolladas para el liderazgo grupal y por sobre todas las cosas objetivos claros en materia artística y de gestión.


¿Necesita ser un buen instrumentista primero?

Es recomendable, pero no excluyente. El director de orquesta debe tener un conocimiento muy acabado  de los distintos recursos técnicos de todas las familias instrumentales, pero es imposible que él mismo pueda llevar a cabo todo eso con sus propias manos. Le doy un ejemplo: un buen director de cine sabe mucho de actuación, producción, libreto, fotografía, etc. aunque no significa que él mismo pueda hacer todo eso. Pues bien, con la dirección orquestal ocurre algo similar: un buen director conoce cuáles son las maneras de lograr determinado efecto con los instrumentos de cuerda, de viento, de percusión. Y lo que no sabe, debe averiguarlo con quienes saben más que él.


¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Muchos y variados. Con la Orquesta Nacional de Música Argentina Juan de Dios Filiberto continuamos la temporada de conciertos junto a artistas de mucho renombre como Chango Spasiuk, Egberto Gismonti, Leo Masliah, Adrian Iaies y otros, y con la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos continuamos una interesantísima temporada en su sede de Paraná y en el resto de la provincia. Además, tengo invitaciones para dirigir este año en Barcelona. Continúo al frente de la cátedra de Dirección Orquestal en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y con mi programa radial de todos los martes en Radio Nacional Clásica. 

 

¿Cómo ve el actual panorama musical en nuestro país?

Intenso, rico y desordenado, como el resto. Argentina es un país que se destaca por sus grandes picos de creatividad, pero esta creatividad no siempre viene acompañada de una organización adecuada. Por ello vamos empujando, a veces desordenadamente, pero con fuerza. Esta dinámica se percibe con más nitidez en el terreno de la música popular que en el de la música sinfónica. Una de las cosas que me preocupan es que la mayoría de las orquestas argentinas estatales cumplen 70 años el año próximo, y aún no ha habido un replanteo serio en relación a cuál es el paradigma sobre el cual debe trabajar una orquesta moderna. Seguimos anclados a los mismos paradigmas con los que se crearon los organismos sinfónicos en 1948 y en ello veo un problema, ya que la sociedad ha cambiado mucho, y pareciera que estos organismos culturales financiados por el Estado vienen corriendo desde atrás. Esto se percibe en cuanto a los contenidos y por sobre todo porque no ha habido un replanteo serio en relación los nuevos canales de contacto con el público a través de los nuevos soportes tecnológicos de comunicación.


¿Qué les diría a los jóvenes que están pensando en dedicarse a la música?

Que confíen en su intuición y sigan el camino de su vocación.