Entrevistas

Niní Bernardello: "El fin del mundo es otro mundo"

Por Silvina Friera para El Faro

Como si le dictaran el poema. Así escribe la poeta y artista visual Niní Bernardello, cordobesa de la sierra de Cosquín que vive desde 1981 en Río Grande (Tierra del Fuego), su lugar en el mundo. 

--En tu poesía está muy presente el entorno, hay una mirada que se detiene en la naturaleza. ¿Cómo fue el cambio de hábitat de Cosquín a Tierra del Fuego, tanto en la vida cotidiana como en tu poesía?

--Al principio, durante muchos años, estando en Río Grande, yo seguía atada al paisaje de Cosquín. Lo rememoraba, lo tenía en mi mente, lo veía, hasta que una noche me invitó Federico Rodríguez a un ciclo de poesía que se llamaba “Los monstruos de la poesía”, que se hacía en un bar. Y yo fui a leer una serie de poesías y esa noche me di cuenta de que escribía a orillas del mar Atlántico, ahí tomé conciencia del cambio de naturaleza. Tardé muchos años, pero fue así. El último libro que voy a sacar se llama Atardeceres marinos porque tiene relación con esta toma de conciencia de estar escribiendo a orillas del mar. Y de semejante mar… porque cuando yo digo que es el Atlántico me conmociona. Como la ciudad está de espalda al mar porque no hay pesca, no hay actividad, uno se olvida del mar sobre el que estamos.

--De los cerros de Cosquín no te olvidás, ¿no?

--Yo no me olvido de Cosquín nunca. Yo le escribí un poema al Pan de Azúcar, un cerro que me impresionó mucho cuando lo volví a ver después de unos años. Está muy incorporado en mí el paisaje serrano. En Atardeceres marinos hay un entretejido entre el mar y las sierras; son dos paisajes muy fuertes.


--¿Cómo es la relación entre poesía y arte visual?

--Las dos actividades aparecieron juntas, a los quince años. Una era como externa, no se podía ocultar de ningún modo: la pintura. La otra era muy íntima, muy secreta: la escritura. Yo tenía una serie de amigos a los que les pasaba mi poesía, allá lejos en el tiempo. Esos amigos eran poetas y me saludaban como a una poeta. La que no creía en mí era yo; ellos sí. Entre ellos está Diana Bellessi, que seguimos siendo amigas; Bernardo Schiavetta, que está viviendo en París hace muchos años. Él venía a casa y leía mis cosas y se entusiasmaba. Yo me dejé llevar por los amigos y les agradezco muchísimo cómo valorizaron mi poesía. Yo creo que hoy estoy aquí por mis amigos. Diana me trajo a Buenos Aires, me proyectó. Ella me leía en su círculo, me hacía invitar, y después se hizo un circuito de amigos que se pasan mis libros. Para mí ha sido sorprendente porque no soy una persona que le gusta el exterior, me pone muy nerviosa, yo le escapaba a ese mundo. La pintura, que arrancó conjuntamente, fue una zona de mucha tortura, de mucha exigencia técnica, de sentir que no alcanzaba nunca. Entonces dejaba de pintar y volvía, cosa que no me pasaba con la escritura. Eran como dos mundos distintos, hasta que después de muchos años me tranquilicé con la pintura. A una amiga, Patricia Saragüeta, que le vine a presentar su libro de poesía, le mandé una serie de dibujos, pinturas y fotografías sobre Batman, que fue una muestra que hice este año en Río Grande, en un espacio no oficial. Ella sola fue a una galería y ahora quieren que traiga la muestra acá. ¡Cómo son los amigos! Son los que me mueven. Yo no me muevo. 


--¿Cómo fue el trabajo de curaduría de la muestra “Libros de Artistas”, un recorrido por tu obra visual?

--Hay una amiga artista, María Jacob, que es la que organiza la muestra en el Museo Fueguino de Arte. Me acuerdo que cuando ella lanzó la primera convocatoria le dije que tenía libros de artistas. Lo había hecho como pienso que se hacen los libros de artistas, de una manera muy secreta, al margen de todo lo que es lo institucional del arte, con la libertad absoluta de hacer lo que quiero. Yo tenía un cuaderno artesanal y no sabía qué hacer. Paralelamente, juntaba sobres de azúcar porque alguien me dijo que regalar azúcar daba suerte. Tenía una bolsa con cantidad de sobres de azúcar. ¿Qué voy a hacer con esto? Tenía por un lado el libro vacío y por el otro los sobres. Entonces se me ocurrió descargar los sobrecitos de azúcar y pegarlos en el cuaderno. Yo lo presenté como Libros de Artistas y le puse Tratado del tiempo porque siempre que uno espera toma un café. 

--¿Dialogan tu poesía y tus pinturas?

--No lo sé… Yo creo que son cosas separadas, pero al mismo tiempo siento que estoy en las dos. Yo presenté Atardeceres marinos como un libro de poesía, pero la editora me insistió en hacer un libro ilustrado. No me gusta ilustrar la poesía, pero me insistieron tanto que me animé a hacerlo. Me puse a buscar mis propias cosas. Yo tengo mucho acumulado y no exhibido o que está exhibido en partes. En este último libro Atardeceres marinos, que saldrá a fin de año, puse dibujos y pinturas al final, para complementar el clima poético del libro, no para ilustrar tal o cual poema.


--¿Cómo se da la relación entre “mostrar” y “no mostrar” en la poesía y la pintura?

--En la pintura todo ha sido mucho más conflictivo porque siento que tengo mucho, que ocupa mucho lugar, y llega un momento en que no sabés qué hacer con esas cosas porque vender no vendo mucho. En cambio la poesía fluye, sale de mí sin ponerle demasiado énfasis. No sé si es buena o mala mi pintura, pero como no he tenido muchas ventas he sentido que no gusta. Mi pintura es figurativa y va viene por muchas zonas. No me quedo en una imagen, no soy de esos pintores que insisten en la técnica sobre un tema. Yo me aburro; entonces voy y vengo y hago cosas que me impresionan y que tengo ganas de hacer. A veces no sé bien la técnica que uso porque mezclo mucho, he usado técnicas nuevas como el Photoshop. Batman salió porque tuve ganas, pero no me propuse nada. Yo no me propongo cosas, yo realizo lo que hago porque tengo ganas, porque me entusiasmo. Cuando te falla el entusiasmo, estás perdido. Este año en particular el entusiasmo ha bajado.

--¿El entusiasmo con la escritura también?

--Sí, el estancamiento ha sido paralelo. Es un año duro, denso, preocupante, que no me ha dejado trabajar.

--Mencionaste a un par de amigos cruciales como Diana Bellessi y Bernardo Schiavetta, ¿qué otros amigos fueron fundamentales?

--Mirtha Delfipo (1944-2011) me leyó antes que Diana y a ella también le gustaba mucho lo que yo escribía. Aunque me costó mucho tiempo creer en mi poesía, eso no me detenía para escribir. Es como un mundo muy particular que tengo y me gusta entrar ahí. Yo escribo como si me dictaran el poema. No me detengo. Si me detengo cuando estoy escribiendo un poema, queda trabado. Entonces no lo fuerzo, lo abandono. Ahora estoy más trabada, he escrito muy poco este año; con el tiempo es como que pasé de una especie de ensueño en el que escribía a una situación de conciencia de la escritura que o me asusta o me traba. Es como si hubiera perdido ese espacio maravilloso del ensueño poético.


--En tu obra aparece la búsqueda de la perfección, de la palabra justa, ese querer “decir” y “no decir” al mismo tiempo. En una entrevista señalás que se trata del rescate del fracaso. ¿Seguís pensando en ello?

--No logro entender lo que dije con eso del fracaso, ¿yo rescato al poema del fracaso cuando tacho un verso? Yo tacho porque siento la necesidad de tachar, pero a veces me pregunto: ¿cómo leo esto? ¿lo leo? Porque si está tachado no tiene voz; es más visual el impacto de lo que no se quiere decir. Pero no lo he pensado… estas son las cosas de estar sola, de no hablar con nadie, entonces uno no toma conciencia de lo que hace. Es muy bueno esto de hablar, de estar con otro. A veces uno habla mucho con uno mismo, pero no da el mismo resultado que hablar con otro.

--¿Vivir en Río Grande se siente realmente como vivir en “el fin del mundo”?

--Más que el fin del mundo es otro mundo distinto al Norte. El hecho de ser isla ya te coloca en otra situación. Río Grande es mi lugar en el mundo, a mí me ha dado muchísimo, me ha posibilitado el trabajo artístico, a pesar de la terrible soledad que transité durante los primeros años de la década del 80 y parte del 90. Después del 2000 empezó a movilizarse mucho la cuestión artística y durante la administración de Fabiana Ríos se inauguró el Museo Fueguino de Arte, que es provincial y que no está en Ushuaia, está emplazado en Río Grande. Eso produjo mucha actividad y un gran respaldo para el trabajo de los artistas. Antes no teníamos un lugar donde mostrar un cuadro. Me acuerdo que una vez fui a una librería y le dije: “quiero pasteles”… La chica me miró como diciendo esta mujer se volvió loca, ¿cómo va a comprar pasteles acá? No tenían idea de nada de lo que eran los materiales artísticos… En eso sí era como el fin del mundo. 

--¿Tenés libros inéditos?

--No. A fin de año sale Atardeceres marinos. Este es un momento en el que siento que me estoy reacomodando para volver.