Crónicas

Tres golpes de timbal: la novela de Daniel Moyano que cada año es una fiesta

Por Jimena Vera Psaró, desde La Rioja, para El Faro


Para hablar de la novela Tres golpes de timbal hay que situar dos hechos importantes: por un lado, que Daniel Moyano (1930 -1992), escritor, músico y periodista visitó Jagüé en 1973 para escribir una crónica de un pueblo a 2500 metros sobre el nivel del mar, con poco más de 200 habitantes en la precordillera de la provincia de La Rioja. La geografía de este lugar se conforma por una calle-río larga, y a los costados, a casi dos metros de altura, las casas. Tan es así que cada vez que una tormenta anuncia la crecida, la calle se evacúa para dar paso al río arena. Apenas unas horas después, vuelven las ruedas, los pasos y las mulas.

Por otra parte, la existencia de ese pueblo da cuenta de una compañía de circo que cruzaba por el paso de Come Caballos, de Chile hacia Argentina. Un hecho fortuito con una Virgen en mula, hace que Juan Miranda, director de la compañía, decida quedarse allí en 1930, levantar un templo, darle raíces a sus marionetas y una casa al Niño de Goma. En ese mismo año, el escritor Daniel Moyano nacía en Buenos Aires. Luego vivió en las sierras cordobesas para después afianzarse en La Rioja, desde donde nutrió entrañables personajes nacidos de la árida geografía.

Se dice que Tres golpes de timbal es la novela que condensa la riojanidad como escenario, y en ese contexto el color local se tiñe de múltiples ocres de la pre cordillera de Los Andes. La gente, las mulas y las cosas viven con la omnipotente presencia del mar, que lo saben escondido tras la montaña, pese a no haberlo visto nunca.


“¿Me vine porque sobraba? No” *

Tres golpes de timbal, escrita en 1989, manifiesta las épocas oscuras de gendarmes agazapados en Lumbreras para hacerlo desaparecer todo. 

Treinta años antes, Moyano había viajado a La Rioja donde trabajó como periodista en el periódico El independiente y como corresponsal de Clarín, además de ser violinista del Cuarteto de Cuerdas y Orquesta de Cámara, y profesor en el Conservatorio Provincial de Música. En La Rioja hizo su casa con sus propias manos y nacieron sus dos hijos.

"El día del Golpe de 1976 yo estaba en Córdoba, intentando inscribirme en la Facultad de Filosofía, porque se me había ocurrido estudiar. Cuando regresé a La Rioja había controles como si fuera una ciudad ocupada. Llegué a casa... Me dijeron que habían detenido a casi todos los intelectuales. Muchos eran del diario El Independiente”, recordará Moyano. Y vinieron por él. Estuvo 12 días preso y al salir de la cárcel, emprendió el camino del exilio a España con toda su familia.

Si la razón de su cautiverio era su ideología, su ideología eran las palabras. Muy triste, tardó varios años en poder volver a escribir, a pasar los recuerdos a palabras, la forma en la que no pueden romperse.

Mientras Daniel Moyano estaba detenido ilegalmente en la cárcel, unos curas amigos visitaron su casa y le ayudaron a Irma, su mujer, a esconder los escritos. Una versión de El vuelo del Tigre fue enterrada en algún lugar del jardín, envuelto en plástico y nunca más lo pudo encontrar. No dejaron ninguna referencia, por lo que en Madrid reescribió la novela en base al argumento que recordaba. 


“Cuando dejé de hacer música, comencé a escuchar a las palabras” *

Daniel Moyano poseía esa capacidad mágica de sonorizar el texto, la música está presente en su obra tal como el vaivén de la tonada “ondulante” de los personajes de Tres golpes de timbal.

Las palabras y el relato son tan importantes para la gente de Minas Altas (o Jagüé) que rescatar una canción es evitar que el pueblo caiga en el olvido. La palabra cóndor sostiene al ave en vuelo, y hay formas de decir lo que se desea alimentar. 

“El estudio de ese antiguo tratado del lenguaje me ha enseñado a querer las palabras. Las escribo viéndolas florecer, tocadas por la intensidad o desnudez de la altura; las oigo sonar en el silencio virgen de la expansión. Y son música, como afirma el gramático. Cada vez que escribo una, siento el latido del objeto encerrado por los signos. La oigo vivir. Las palabras sacan a las cosas del olvido y las ponen en el tiempo; sin ellas, desaparecerían”, escribe Daniel Moyano en Tres golpes de timbal (Madrid, Alfaguara, 1989).

Por eso, para sacar las cosas del olvido, desde hace dos años se hace cada verano “El Ondulatorio: encuentro de artistas, enlazadores y astrónomos muleros” y por pocos días Jagüé triplica su número de habitantes para vivir Tres golpes de timbal.


Las marionetas de don Juan Miranda (o Fábulo Vega) salen restauradas del baúl de la familia y dramatizan el tiempo presente. En la novela, el astrónomo titiritero había creado una marioneta por cada habitante de Minas Altas. En los últimos febreros, la historia que cuentan tiene que ver con recuerdos orales de los guiones del circo, mezclados con la belleza que se entreteje en el Encuentro: muralistas, cine, fotografía astronómica, cerámica, títeres, filosofía, quitapenas, telar, teatro, música, danzas, canciones, el organillero cuentacuentos y el pan y el fuego compartidos.

En los poco más de 4 kilómetros de extensión del pueblo, los muralistas intervinieron las fachadas con escenas sacadas del libro, y de los verdaderos habitantes de Jagüé. En Tres Golpes de Timbal, el pueblo de Minas Altas está dividido por sectores: el sector de los músicos, el de los enlazadores y el de los astrónomos muleros.

Para quien visita hoy la calle río, al final está la casa de quien fuera en el circo de don Juan Miranda El Niño de Goma, y es uno de los espontáneos puntos de encuentro. Luego la iglesia y la casa de la familia Miranda, los murales de la Céfira con sus girasoles y espejos encandilando a la montaña. El mural del enlazador de mulas, el del cartero que repartía juguetes y manzanas, la iglesia vieja de adobe con la escultura-horno “Sonia” o “Mi música es para esta gente” del artista Gabriel Chaile, entre otros. Hoy en día, dónde se mire Jagüé, es libro abierto y su gente está dispuesta a que “hasta la última hormiga” esté en “palabras salvadoras”.


Epifanía

“El tiempo que ellos (los asesinos) han tardado en apropiarse del mundo nos ha permitido una demora que ha hecho posibles hallazgos más vitales, que nos permitirán subsistir en la libertad. En el fin de la ilusión del poder, a ellos los espera la tristeza, donde desaparecerán. La mecánica del mundo es para la alegría. Ellos nunca podrán modificar esa mecánica, ni con las manos ni con el pensamiento”, escribe Moyano en Tres golpes de timbal.

Daniel Moyano, resumía en notas al margen de sus apuntes para escribir que un “círculo es el centro creador. A él solo pueden entrar los hechos imaginativos (partan o no de realidades claras o difusas) que permitan imaginar estéticamente y reflexionar filosóficamente y por esta vía ser reflejo del mundo y de la vida”.

Experimentar El Ondulatorio es una forma ineludible de entrar al círculo mágico trazado por Moyano en la geografía de Jagüé. Entre noches de estrellas infinitas, el encuentro de palabras que se han cruzado de golpe en la atmósfera, provoca la epifanía más sublime entre un texto y su autor, el autor y su gente.



*Entrevista a Daniel Moyano realizada por Andrew Graham-Yooll. Madrid, 8 de noviembre de 1988. Biblioteca de Autor Daniel Moyano. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.


Fotos originalmente publicadas en:
Facebook de El Ondulatorio