Homenaje

Elvira Orphée: “Sé que volverás y con vos volverá la primavera”

En abril de este año falleció en Buenos Aires Elvira Orphée, la escritora argentina nacida en San Miguel de Tucumán en 1922.  Tantos años vivió que, a través de sus ojos, cualquier interlocutor podía asomarse a la literatura latinoamericana del siglo XX. Su narrativa personalísima y con una fuerte presencia lírica, aborda temas que no pierden actualidad y que siguen interpelando al lector.


Por Alejandra Correa


De la infancia tucumana, Elvira Orphée retomará los recuerdos que la vuelven a internar en el territorio de la rebeldía. Así contará en una entrevista realizada por Marianella Colette: “A los once años, enfermedades por turno me impedían una vida normal (malaria, fiebre amarilla, entre otras). En mis buenos momentos era capaz de hazañas peligrosas, como subirme a una torre de electricidad, instalarme en alto y desde ahí, como reina en un trono enaltecido, dejarme suplicar, por gente reunida, que bajara o corría el riesgo de matarme. Se necesitaba comisiones de gente para buscar a mi madre y que me hiciera bajar. Por una vez no me llevaba palizas de película, que no consistían en golpes sino en tirones de pelo y arañazos”. 

En esos recuerdos, como telón de fondo, aparece la ciudad de San Miguel de Tucumán: “Mi horario de colegio era matutino, pero las monjas, voraces de rezos y paraíso, nos hacían ir a veces por la tarde para oír las prédicas de un buen curita. Yo prefería pasear por un parque de luz que siempre me parecía oscuro, o insuficiente aun en esas tórridas primaveras del Tucumán. El principal atractivo de aquel parque era el cementerio de los ricos (había otro para los pobres, mucho más pintoresco, pero quedaba más alejado). No puedo precisar qué era lo que me atraía hacia él en las horas tempranas de la siesta, cuando el resto de la gente cumplía con la tradición del sueño en sus casas. Quizá se tratara de ese encantamiento mortuorio del que pocas adolescencias se libran, aunque no lo creo. Más bien pienso que era la paz de ese lugar, su soledad lo que me fascinaba”.

De adolescente, Elvira podía leer cien veces La sirenita, o La reina de la nieve, de Andersen, y revivir con ellas toda su tragedia, tanto como soñar con los cuentos exiliados de Las mil y una noches, puertas que la llevaron, tempranamente, a sus primeras líneas que intentaron esbozar una novela.

Cuenta que le decían “La determinada”, porque cuando se le ocurría algo era incapaz de renunciar a su objetivo. La obstinación y la sinceridad brutal, fueron dos marcas centrales de su temperamento que no siempre le valieron la simpatía de sus contemporáneos: era certera y filosa para decir lo que pensaba de los demás y lo decía sin anestesia.

Muy joven se casa con el artista plástico Miguel Ocampo, con quien se trasladará en la década del 40 a Buenos Aires, donde estudiará Letras y tendrá tres hijas. Cuando Ocampo es designado para ocupar un cargo diplomático, ambos vivirán una temporada en Roma. En esa ciudad conocerá a los célebres escritores Elsa Morante, Italo Calvino y Alberto Moravia. 

En los años 60 se radicarán en París y ella trabajará como consejera del sello francés Gallimard, recomienda la publicación de Juan Rulfo, Clarice Lispector y Felisberto Hernández. Y en París, comparte charlas y paseos con Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Octavio Paz, Elena Garro, entre otros escritores latinoamericanos de la época con quienes entablará amistad.



La vida es sueño

En 1956, Elvira publicará en la editorial Sudamericana de Buenos Aires, su primera novela Dos veranos cuyo argumento aborda la vida de Sixto Riera, un adolescente indio que trabaja como criado, y que da cuenta de la opresión de una sociedad racista que considera a los blancos como únicos dueños del poder.

Una década más tarde, la misma editorial publicará su segunda novela Aire tan dulce, una compleja historia de amor y odio entre dos adolescentes, narrada desde el punto de vista de cada uno de los tres protagonistas, creando así una trama en la que estilo y argumento son un todo. Dos años más tarde, su novela En el fondo (Emecé), recibe el Primer Premio de Novela de la Municipalidad de Buenos Aires.

Con su siguiente novela, La última conquista de El Ángel (editorial Monte Ávila, Caracas, 1977) abordará el tema de la tortura. “Mientras escribía los episodios de la tortura, en gran parte provenientes de la imaginación y en pequeña, de crónicas periodísticas, me desalentaba comprobar que el simple hecho enunciado tenía una fuerza mucho mayor de cuanta pudiera alcanzar la literatura. No renuncié porque el tema ya venía infiltrándome desde hacía tiempo, tocando puntos de repugnancia por todas las formas del insulto a la vida indefensa (...)pensé que quizá debería escribir episodios con referencias precisas, a una situación de tiempo y espacio y al mismo tiempo cruzar fronteras del espíritu. Con lo de trasponer fronteras del espíritu, entiendo haber tratado de ir del hecho que se produce en una realidad tan exasperada, que por la misma exasperación de lo real traspone este plano y puede hacer que criminales se sientan partícipes de la divinidad, y que víctimas y victimarios se muevan en una especie de más allá del horror”, escribe en el prólogo del libro.

Le seguirán los libros: Las viejas fantasiosas (1981, Emecé, cuentos), La muerte y los desencuentros (1989, editorial Fraterna, novela), Ciego del cielo (1991, Emecé, cuentos) y Basura y luna (1996, Planeta, novela).

Cuando se le preguntaba por su proceso creativo, Orphée siempre respondía que no tenía un método, sino que escribía cuando le venían las ganas. “En papelitos, en cuadernos, en boletas, en lo que fuera y donde fuera, cuando me volvían las voces”. Son esas voces, las voces de su Tucumán natal a las que se refería. “Porque yo a Tucumán creía habérmelo sacado de encima, salvo por dos cosas: los odios y los olores. No el olor de las rosas, no, que siempre me parecieron tontas, sino el olor de las flores de los naranjos de las calles, que era impresionante. Todavía lo tengo en mí. Por eso creo que Elsa Morante me escribió una vez: ‘Sé que volverás y con vos volverá la primavera’”, dirá en una nota de 2013 en el Diario La Nación.

En la entrevista que le hizo la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires en 2005 -uno de los pocos registros audiovisuales que se conservan de la escritora- Orphée dirá que los sueños fueron una gran fuente de inspiración para su escritura: “Soñaba todo el tiempo, a veces cuentos enteros. Me hubiese pasado la vida durmiendo para poder soñar porque eran unos sueños de maravilla. Yo hace 90 años que no tengo una pesadilla. Sigo soñando, pero los sueños han bajado de calidad, como baja la calidad de un escritor con los años”.

El pasado abril, a los 95 años de edad, Elvira Orphée dejó este mundo sabiendo que la vigencia de su obra sigue siendo indiscutible. Tan es así que María Teresa Andruetto eligió su primera novela Dos veranos para ser reeditada en la colección Narradoras Argentinas de la editorial cordobesa EDUVIM; mientras que la editorial porteña Bajo la luna reeditó Aire tan dulce en 2013. 


Entrevista Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires: