Homenaje

Glauce Baldovin, entre el ayer y el mañana

Glauce Baldovin nació en Río Cuarto, provincia de Córdoba, en 1928. Según sus palabras, el sol fue su primera inspiración ya que cuando tenía 9 años le escribió un poema y lo leyó en la mesa de la casa donde vivía junto a sus padres, abuelos y tíos, una casa de inmigrantes y trabajadores. “Mi casa fue pobrísima, pero rica en historia e imaginación”, diría en una entrevista. 

Lectora voraz y autodidacta, ya de joven escribió en las revistas culturales Mediterránea (dirigida por su hermano en los 50), Vertical y Hoy en la cultura. 

En 1972, militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores cuando la policía allanó su casa y la detuvo.

Baldovin padeció en carne propia la dictadura argentina. En 1976, su hijo Sergio que hacía el servicio militar fue detenido clandestinamente y nunca más supo de él. Ella solía decir: "Ni desaparecido ni detenido: secuestrado”.

En una entrevista recordará que fue recién a fines del 79, cuando pudo volver a escribir: “Hice 20 poemas en homenaje a los secuestrados y el libro se terminó allí, pero no se publicó entonces”. Con el tiempo estos veinte poemas serían la primera parte del libro De los poetas, que se publicaría con ilustraciones de Carlos Alonso. 

Años después, Claudio, su otro hijo, enfermó gravemente. "Estuvo seis meses internado. Lo exoneraron de la universidad y tuvo que irse de Córdoba, pero no pudo seguir estudiando. Tampoco pudo abandonar el país porque no teníamos dinero. Entonces fue cuando me quebré. En el 81 me arrojé a la pileta del alcohol. Y digo me arrojé porque nunca había probado una gota", contaría en una entrevista con Alejandro Mareco. 

Ya en democracia, Baldovin publicó varios libros en pequeñas editoriales independientes de Córdoba: Poemas (1987), Libro de los poetas (1991), Libro del amor (1991), Con los gatos, el silencio (1994), entre otros. Luego de su muerte se publicaron Poemas crueles (1996), Yo, Seclaud (1999), El rostro en la mano (2009) y Poesía inédita reunida en 2011. 

Baldovin dictó talleres de escritura y su casa siempre estuvo abierta para lectores y escritores más jóvenes que aún hoy reconocen su legado.

“La poesía no da de comer y aunque la amo profundamente y me ha ayudado a soportar trances muy duros de mi vida, recién ahora que me jubilé puedo dedicarle todo el día y lo hago con mucho placer – dirá en una entrevista. Claro que voy a seguir escribiendo, no considero que tenga una obra cumbre. Sí creo que soy poeta, porque ese es un oficio como cualquier otro, el oficio de haber leído y escrito mucho, el oficio de romper y volver a escribir y tachar y volver a empezar”


“Los poemas que nos perpetúan”

Sobre la obra de Baldovin, la poeta cordobesa Eugenia Cabral escribirá: " A comienzos de los años 70, eligió abandonar el realismo socialista, vigente desde aquellos años 50 de su juventud, y ubicarse próxima al denominado surrealismo argentino y también a corrientes americanistas, como el neobarroco y el realismo mágico, sin traicionar su devota lectura de Saint-John Perse. Así, atravesó el cruce desde haber sido madre y militante hacia ser madre de secuestrado, no de desaparecido, concepto que ella negaba. Y este nuevo cambio debió asumirlo durante la transición desde la dictadura militar hacia el Estado de derecho, aunque soñando todavía con la transformación socialista. De ese lado la esperaba la soledad y lo sabía; el dolor y lo sabía. En particular, su poesía nos alentó a todas las mujeres cercanas a Glauce a reconocernos en una nueva posición. Consciente, ante todo. Paciente y empecinada en hablar cara a cara con nuestros fantasmas. Glauce marcó ese hito entre el ayer y el mañana".

Muchos acuerdan que su obra poética dejó su marca imborrable en la poesía cordobesa. Julio Castellanos señala que "alejada de artificios, su poesía recorre líneas precisas por al menos dos carriles fundamentales: un discurso en el que predomina una narración de fuerte y equilibrado tono emotivo de montaje y construcción de la subjetividad. Y el de un cuerpo que transparenta apelaciones de carácter social. Los recursos utilizados por la poetisa riocuartense fueron de extrema sencillez. Pocos como ella lograron, con cierta economía, una expresión honda, cabal, con riqueza significativa y ajena tanto a la autocomplacencia como a innecesarios desbordes".

Glauce falleció en 1995, y a pesar de esa marca indudable que dejaba su obra, sus libros empezaron a ser -con el tiempo- figuritas difíciles para los nuevos lectores.

Hace unos días, luego de un arduo trabajo la editorial Caballo Negro, de Córdoba, puso en las estanterías de las librerías Mi signo es de fuego, la obra completa de Glauce Baldovin que reúne 22 libros -4 de ellos permanecían inéditos- y que permitirá a los lectores volver a habitar esta voz contundente y vital que respira en su poesía.