Homenaje

Leónidas Escudero, el buscador de oro

Foto: Marisa Negri

Jorge Leónidas Escudero es uno de los principales referentes de la poesía sanjuanina y una voz particularísima en el paisaje de la producción nacional. La editorial En Danza, editó su Poesía Completa en 2011, un volumen de casi 800 páginas que permiten un recorrido por una vida dedicada a la poesía.

En Oro nestas piedras, el documental realizado por Cristian Constantini, Claudia Prado y Leandro Listorti, se lo vé a Escudero en movimiento: un hombre pequeño (le decían “Chiquito”), de mirada nostálgica que, al momento de hablar de su quehacer busca cada palabra con cuidado y precisión en esa gran cantera que es el lenguaje.

De él siempre se recuerda que dejó la carrera de Agronomía para dedicarse a la Minería, aunque en verdad su horizonte era encontrar oro. Paralelamente escribía poesía. En ambas ocupaciones, según explicó en una entrevista que realizó su editor Javier Cófreces, encontraba una confluencia: “Hay una cierta analogía entre la búsqueda del oro y la búsqueda de la poesía. El origen debe ser el mismo: buscar algo desconocido que lo venga a completar a uno. El oro puede transformar el estado actual de una persona y llevarlo a la felicidad -aunque sea mentira- y cuando uno busca la palabra única -yo lo he puesto en algún poema- es también lo que va a completar el deseo de manifestarse uno, de forma total”.

La palabra única, total, esa piedra huidiza, lo hacía reflexionar: “Claro que me he quedado desconforme porque, aunque he intentado en algunos temas encontrar esa palabra e insistí algunas veces en encontrarla (aquella vez le faltó, ahora trato de completarla. pensaba), la verdad es que nunca lo voy a completar porque como he dicho por ahí alguna vez, las palabras no alcanzan. Me quedo con un margen de conformidad porque veo que al menos dije algo.”

Sin embargo, tal como señala en el prólogo a su Poesía Completa, Osvaldo Aguirre, lo que explica su escritura no se encuentra en ninguna de estas anécdotas que tejieron su fábula en torno al poeta. El de Escudero es “un trabajo cuya clave consiste en haber sido realizado según sus reglas propias, al margen de cualquier convención y que, durante largo tiempo, permaneció en secreto”.

El paisaje sanjuanino fluye en la voz de Escudero. Está en ese caballo del poema El relincho que abre su libro La raíz y la roca (1970), primer poemario publicado cuando ya tenía 50 años: “la nieve colgaba derritiéndose para formar los ríos;/ los pastos amarillos caían de su pecho/ saltando las quebradas rumbo a las vegas verdes.”  Y recorre toda su obra en las maneras de nombrar la montaña, el filo de la cordillera, el enigma de lo que esconden sus piedras, los caminos, el verano, los gorriones, las guanacas, las flores, las constelaciones de la noche: en Escudero la tierra está presente en el doblez de cada poema. Y junto al paisaje, como parte del asunto, la forma de decir de la gente de pueblo, sus historias, el humor y la ironía con respecto a los preceptos morales, que conforman un puente para indagar en aspectos filosóficos de la aventura humana.

“Tuve la necesidad interior de escribir a mi manera, llegar al fondo de lo que yo pensaba. Tomé de la gente del pueblo ciertos modismos del habla y traté de ponerlos directamente cuando escribía. Estuve intentando manifestar mis sentimientos a través de diferentes enfoques de la realidad donde vivo, he tocado todos los puntos capitales: la muerte, el amor, el olvido, la montaña, el paisaje, todas las cosas… llegando a los altos años en los que estoy me gustaría poder manifestar el silencio”, le dijo a Cófreces en la entrevista citada.

La singularidad de su poesía y de su camino, hicieron de Escudero un poeta que revuelve la lengua hasta hallar la palabra, recreándola con expresiones de la oralidad, o simplemente inventando expresiones para aquello que no encuentra como nombrar. El resultado es una obra que parece pendular entre la apuesta a encontrar algo que se busca infatigablemente y ese otro borde que es la pérdida.

En 2016 Leónidas Escudero dejó la tierra sanjuanina para adentrarse en la memoria de su pueblo y de la literatura argentina. Se recordará al maestro por “la sencillez, la humildad y el desamparo de un escritor ajeno a las movidas culturales de la Capital Federal y a los circuitos mediáticos, que no impidieron que su obra, poco a poco, fuera valorada y seguida con interés”, tal como señala su editor, en el prólogo a su Poesía completa. 

Fotos: Marisa Negri

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