Homenaje

Oscar Alemán, una pulsación constante del Jazz argentino

Por Carlos Inzillo para El Faro


El poeta Jean Cocteau, miembro del Hot Club de Francia, dijo que el “swing” era una pulsación constante. Y el guitarrista argentino Oscar Aleman, supo vivir en ese pulso. Su historia se remonta a la dorada París del pasado siglo, cuando los años 30 lo encontraban compartiendo escenario junto a la cantante y bailarina Josephine Baker. Para entonces, ya había superando una dura infancia. Posteriormente, regresa al país, tras la invasión nazi a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, lo que significó para él una época de ostracismo de la que volvería a renacer con todo su arte singular.

Vale la pena repasar su historia de vida y brindar información acerca de su carrera, música, discografía, bibliografía y filmografía para orientar, en especial a muchos jóvenes, que debido a la falta de “La Buena Memoria” que pregona el locutor Guillermo Fuentes Rey, conviene difundir.


Nacido como Oscar Marcelo Alemán en Machagai, un pueblito del Chaco, el 20 de febrero de 1909; hijo de Jorge Alemán Moreira, guitarrista uruguayo y de la pianista Marcela Pereira; descendiente de indios tobas, de quién provino su negritud. Era una zona donde los algodonales y frondosos bosques brindaban recursos laborales, incluyendo a los Aleman. 

Ya de pequeño integraba junto a su padre y cuatro hermanos el Sexteto Moreira, un conjunto de música y danzas folkóricas. Hacia 1915, buscando nuevos horizontes, Don Jorge decidió mudarse a Buenos Aires, donde llegaron a actuar en el Teatro Nuevo, en el viejo Luna Park, llegando Oscar a ganar un concurso de malambo demostrando ya su destreza corporal y en el Parque Japonés.

Pero pronto se trasladaron a Brasil, con la inquietud paterna de incorporar negocios con el algodón, que culminó en fracaso y dispersión familiar. Con su madre fallecida Oscar quedó solo y varado en Santos a comienzos de los años veinte. Su “modus vivendi” fue lustrar zapatos, abrir las puertas de los coches por monedas y dormir en una plaza céntrica. Momento crucial. Descubrió el cavaquinho, instrumento de origen portugués de cuatro cuerdas y allí, sin saber una sola nota de música y con su intuitivo talento y gracia rítmica, empezó a mostrarse en la calle por unas monedas y luego en algunos locales.

Cierto día conoció a Gastón Bueno Lobo, violero brasileño y formaron el Dúo Les Loups. El repertorio incluía temas populares del momento y choros y sambas y recorrieron boliches de Río de Janeiro y Buenos Aires, ya a partir de 1925, como artistas de variedades. Ya Oscar creaba fraseos improvisados que le marcaban un sendero a seguir muy pronto. Pero es muy importante conocer otra faceta de Aleman: la de guitarrista y autor de tangos.



Del tango a Europa

Oscar Alemán fue de los guitarristas que, desde 1925, tuvieron como inquietud lograr con el instrumento una nueva dimensión estética con relación al tango. En 1929 formó el trío "Les Loups" -solamente para grabaciones- y también conocido como Trío Víctor, junto a Elvino Vardaro en violín y Gastón Lobo, como segundo guitarrista. En esa pequeña agrupación, Oscar destacó sus solos, luciendo abiertamente. Aún perduran aquellas inolvidables grabaciones de los tangos: “Recóndita”, “El presumido” y “Página gris”. Su tango más conocido es “Guitarra que llora” que grabó en 1928 con guitarras hawaianas (En 1943 lo grabó la Orquesta de Angel D´Agostino con la voz de Ángel Vargas). 

Así como desparramaba swing en canciones jazzísticas, el canyengue lo asociaba al tango, algo equivalente para Oscar, especialmente de la guardia vieja, baile candencioso, con varios cortes y de origen afro. Precisamente en una actuación en Buenos Aires, conocen al zapateador norteamericano Harry Fleming, a quién le gustó mucho el discurso musical de Les Loups y los convence para que lo acompañen a una gira por Europa, partiendo de Madrid. 

Ahora, viendo bailar a Fleming, ya Alemán se convirtió en un gran zapateador y agrandó su perfil de guitarrista, con un toque histriónico que lo condujo a seducir al público europeo de Londres, Berlin, Amsterdam, Lisboa y por supuesto Madrid. Ya concluido el contrato y el periplo, Bueno Lobo decide retornar a Sudamérica, gravemente enfermo y al poco tiempo se suicida. “Esta vez me quedé huérfano y solo, en forma definitiva”, le contó Oscar tiempo más tarde, al periodista Julio Ardiles Gray. Y una ecuación con varias incógnitas se le plantó de nuevo en su vida.

Pero, afortunadamente, cuando estaba anclado en Madrid, despejó quizás la variable más importante y decisiva para su destino. Tocando con distintas orquestas se hizo conocido en el ambiente musical local y según el relato del propio Alemán: “Un día alguien le sopló mi nombre a Josephine Baker, a quién le hacía falta un guitarrista rítmico. Ella había visto varios y ninguno le gustaba. Por músicos que habían pasado por España en gira, le dijeron que conocían a un negrito argentino. Ella se enteró que yo cantaba en portugués, en francés, en español, que bailaba la rumba, que tocaba el pandeiro, las maracas, el cavaquinho, la guitarra hawaiana, el contrabajo, la batería y sobre todo que tocaba jazz muy bien. Me escribió al Teatro Alcázar justamente cuando me echaban de allí…”.


Contratado en forma estable por la “Venus de Ebano”, cuando aún París era una fiesta. Brilló en la orquesta y culminó su relación de buena forma en 1932. Instalado en una ciudad que albergó al Jazz desde sus primeras épocas, Oscar fue un absoluto pionero argentino en el terreno internacional, de una música cuyo lenguaje es universal.

Y precisamente entrando en detalle, ya había sido tentado por dos de las más grandes figuras que haya dado esta música en toda su historia: Louis Armstrong y Duke Ellington. Pero la Baker quiso retenerlo a toda costa y ninguno quiso entablarle pelea. Aunque repasando su discografía pudo darse el lujo de grabar con Freddy Taylor & His Swing Men From Harlem. Taylor era zapateador, cantante, trompetista y director de orquesta, con gran experiencia en el espectáculo. Y aunque todavía a algunos le cueste aceptarlo el Jazz forma parte de ese mundo, sin perder su esencia, ni seriedad. En marzo de 1935, con Oscar Alemán en guitarra, llevaron a la placa: “Blue Drag” y “Viper’s Dream”. Más adelante lo haría con el trompetista Bill Coleman, norteamericano radicado en París, destacándose: “Joe Louis Stomp” en homenaje al gran púgil Joe Louis. Oscar amaba el boxeo e incluso llegó a practicarlo circunstancialmente.

Cabe mencionar que en 1934 se creó el Quinteto del Hot Club de Francia, liderado por el genial guitarrista gitano Django Reinhardt. Fueron muchos los que lo equipararon con él en el estilo Jazz Manouche ó Gipsy Swing. Incluso el trompetista y escritor Rex Stewart, publicó en su libro: “Jazz Masters of the 30’s” que los más valiosos guitarristas a su criterio eran: Eddie Lang, Oscar Alemán, Bucky Pizzarelli y Django Reinhardt.

Restan nombrar como trabajos memorables de su estadía europea un viaje a Dinamarca en 1938 para grabar junto al violinista danés Svend Asmussen, también casi un par del francés Stephane Grappelly del Hot Club de Francia. Y una sesión en solitario de Oscar, que aún hoy sorprende de: “Nobody’s sweetheart” y “Whispering”, de avanzado concepto armónico. El estudioso y “arqueólogo” noruego del Jazz, como se autodenomina, Jan Evesmo publicó en su serie de libros: “Solografías”, un volumen dedicado a estudiar y reproducir los solos de “uno de los guitarristas de swing más importantes a nivel mundial”.

De regreso a París efectuó otras grabaciones históricas junto al clarinetista Danny Polo y actuó en el famoso “Chantilly” como solista.


Volver con la frente marchita

Su etapa francesa culminó de forma abrupta en junio de 1940, cuando los nazis toman la Ciudad Luz. En plena calle una tropa golpeó ferozmente a Oscar y mató a su perro Pac. Claro, no tenía todas las de ganar como negro y músico de jazz. Intervino el Consulado Argentino para su repatriación, pero faltaba otra intervención en un puesto militar en Irun, cerca de la frontera con España y le arrebataron sus dos guitarras de alumino National, muy queridas. Para colmo le dijeron que serían fundidas y utilizadas como proyectiles…

Contó Oscar que regresó a la Argentina con 84 pesos, el 24 de diciembre de 1940. Y pronto volvió a la actividad con su primer quinteto. Gong, la elegante boite porteña, le abrió sus puertas y se convirtió en una de las primeras figuras de la noche porteña, con mucho glamour. En Octubre de 1941 actuó, junto a las orquestas de René Cóspito y Enrique Villegas en un Festival de Jazz en el Teatro Casino y, como eran días de radio los de aquel tiempo, desde noviembre debutó en Radio Belgrano con gran éxito, en el programa: “Noches brillantes de Palmolive”. En enero de 1942 volvió a los estudios de grabación con uno de sus mejores grupos, que incluyó a Darío Quaglia en guitarra rítmica y a un talentoso violinista chileno: Hernán Oliva. La versión de “Sweet Georgia Brown” es notable.

En el campo sentimental se casa con la actriz Carmen Vallejo, quién ya tenía una hija, también artista, Selva, quién decide tomar el apellido de Oscar como propio y nace una hija de la pareja, la psicóloga India Morena.

Como bien afirmó el periodista y biógrafo Sergio Pujol, “Oscar no fue guitarrista por una demanda artística. Sino, porque las circunstancias de su vida lo llevaron a serlo por la subsistencia”. Pero su talento e intuición lo llevaron a ocupar un pedestal valiosísimo sin saber leer y escribir una nota de música. Hasta principios de los años sesenta trabajó con constancia en radio, televisión, lugares nocturnos, giras, sesiones danzantes en los clubes, donde era el animador perfecto. Todavía se recuerdan sus actuaciones donde colocaba la guitarra sobre su espalda para tocarla de manera perfecta, sus improvisados “scats”, su incursión por el folklore donde dio una muestra de su humor componiendo un gato famoso, llamado “El Perro”, filmando un par de películas y recomponiendo su figura de antaño, un tanto olvidada.


Entró luego en una etapa de ostracismo donde prácticamente se dedicó a la docencia en su departamento de la calle Maipú. Hasta que en junio de 1971, convocado por el Círculo Amigos del Jazz, reapareció en el actual Teatro de la Comedia, en Rodríguez Peña casi Santa Fe, en un recital inolvidable, junto a un alumno, banjoísta de la Antigua Jazz Band, Alfredo Carozzi, que lo volvió a unir con los aficionados. Reviviendo varios de sus clásicos su carrera se reconstruyó y fue animador de varias noches en el Teatro Santa María del Buen Ayre y otros sitios. Y volver a grabar y ser protagonista.

Hasta llegar a la madrugada del 14 de octubre de 1980, donde un cólico hepático, desórdenes lógicos que venían desde su sufrida infancia e incluso abatido por la muerte de su amigo, el actor Dringue Farías, dijo no va más. 

La línea musical que trazara Oscar Aleman fue tomada por su nieta, la vocalista Jorgelina Alemán, quién lleva el Jazz en las venas y con su trayectoria demuestra la vigencia de un clásico que va a tener respuesta, siempre, para todo público.




Recomendaciones: 

Bibliografía: “Tributo a Oscar Alemán” Guillermo, José & Estanislao Iacona Editorial Whitefly, Buenos Aires, 2012

“Oscar Alemán: La Guitarra Embrujada”   Sergio Pujol, Editorial Planeta, Buenos Aires, 2015


Film documental:

“Oscar Alemán: Vida con Swing” de Hernán Gaffet. Largometraje. Buenos Aires, 2002. (Testimonios e imágenes de archivo)

Discografía: Es tan amplia que aconsejamos recurrir a las publicadas en los libros citados y/o sitios de internet.

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