Homenaje

Ricardo Vilca, el mago de la Quebrada

Muchos críticos opinan que Vilca innovó en la música de la Quebrada de Humahuaca (Jujuy) del mismo modo en que Astor Piazzolla lo hizo con el tango. A diez años de la muerte del músico, compositor y maestro Ricardo Vilca, la revista del CFI lo recuerda como un creador que revolucionó la fusión de los estilos musicales para que pudieran ser ejecutados con instrumentos andinos.

                                                           “El silencio para un músico es fundamental. Sólo cuando hay silencio 
                                                                    nacen las melodías. Hasta el sonido del viento te pasa ideas.”

                                                                                                                                             Ricardo Vilca 

Había nacido el 5 de noviembre de 1953 en Humahuaca y cuando falleció, el 19 de junio de 2007, el municipio de su ciudad natal declaró tres días de duelo con bandera a media asta y lo lloró como se llora a quienes dejaron una marca imborrable en la vida de la gente. Se había cumplido aquello que el maestro alguna vez anhelara: “Mi sueño más grande es poder dejar el mensaje que me inculcaron los abuelos: que todos y cada uno valoren su lugar, sus cosas y en el tiempo que corresponde”.

La de Vilca es una clara muestra de una obra arraigada al paisaje y la gente. Desde los diez años de edad, su interés por la música lo llevó a pedirle a sus abuelos -quienes lo criaron- un acordeón, pero lo que obtuvo fue una guitarra, más económica y acorde a las posibilidades familiares. Así fue como este instrumento lo acompañaría siempre y lo llevaran a dar sus primeros pasos musicales al frente de un grupo de rock y cumbia mostrando gran habilidad para la guitarra eléctrica.

Por casi dos décadas, Vilca fue docente. Trabajó como maestro rural de música y más tarde llegó a desempeñarse como profesor en la Escuela Superior de Música de San Salvador de Jujuy. sin nunca olvidar que sus primeros pasos en la música eran los mismos que muchos de sus alumnos que aprendían a tocar de oído por necesidad, para ganarse unas monedas con los turistas. 

“Cuando los niños me dicen: Maestro, ayer lo vi en la tele, yo me río y contesto: No, yo no soy, debe ser alguien parecido, qué voy a estar haciendo yo ahí, en la televisión. Y ellos se ríen conmigo. No quiero que piensen que la tele es más importante que la música que aprenden”, relató en una entrevista.

Muchas veces daba clases gratuitas a personas de diferentes edades que se lo solicitaban y en varias oportunidades dijo que su experiencia como maestro le sirvió de inspiración a la hora de componer. A sus alumnos siempre les hablaba de la relación entre el arte y la naturaleza porque consideraba fundamental el hecho de que su música estuviera ligada a los paisajes de su Quebrada. 

En 1983, llegó un primer gran reconocimiento para Vilca cuando la UNESCO lo premió por su “contribución cultural a la Quebrada” y esto lo llevó a transformarse en uno de los grandes animadores del rescate cultural y artístico de la región.

Para sorpresa del propio maestro, el otro gran reconocimiento le llegó de la mano de los músicos de rock cuando en el 2000, tras compartir escenario en el Pucará de Tilcara con Divididos, uno de sus temas más conocidos, Guanuqueando, se convirtió en un clásico del repertorio de la banda. Por su parte, León Gieco, le puso letra a “Plegaria de sikus y campanas” y lo rebautizó “Rey mago de las nubes”, para incluirlo en su álbum Orozco. El maestro Vilca estaba muy reconfortado con esas versiones porque eran un camino para que la gente pudiera escuchar sus temas y acercarse a su música.

En sus últimos años de vida, también se destacó como compositor de bandas sonoras para películas como Una estrella y dos cafés, de Alberto Lecchi; Río arriba, de Ulises de la Orden; y El destino, de Miguel Pereyra.

Cuando se le preguntaba por su estilo, Vilca tenía muy claro que no lo suyo no podía encasillarse en un género único y que, por ese motivo, responder “fusión” era lo adecuado. “Cuando empecé a estudiar, empecé a hacer fusión con otros ritmos. Ahí conocí a Bach y, desde entonces, siempre he soñado hacer alguna de mis melodías con violines y cellos”. 

En 2003, ese sueño se hizo realidad para generar un fenómeno inusual en Buenos Aires que lo recibió con avidez: Vilca tocó seis veces en tres días siempre a sala llena. Su serie de recitales comenzó junto a la Orquesta Juvenil de Jujuy en el Salón Dorado del Teatro Colón, continuó en La Plata, en el Centro Nacional de la Música, participó del cierre conjunto de las orquestas juveniles en el Colón y finalizó en el íntimo círculo de la Peña del Colorado que tuvo que agregar una nueva fecha para el dia siguiente, porque las entradas estaban agotadas.

Cabe destacar que en el primer concierto, el del Salón Dorado del Teatro Colón, el músico tocó junto a la Orquesta Juvenil de su provincia, integrada por chicos de entre 8 y 15 años, dirigida por Sergio Jurado. Esta propuesta orquestal ya se había presentado en el teatro Mitre de Jujuy, con dos funciones a lleno total, en una de las salas conocidas por su antigüedad y su dificultad para colmarla de público: “el repertorio de tintes regionales se destacó y sorprendió por su calidad, en un ámbito donde la vedette de la jornada era la música clásica”, señalaba el diario La Nación.

Para agregar: “Como un maestro, Vilca transmite con sus composiciones la forma de vida y los elementos cotidianos de la cultura andina, con las que encandila a la audiencia. Cada canción tiene una historia. Vilca las cuenta con serenidad y profunda simplicidad. ‘Muchas de las canciones están basadas en las cosas más simples y hermosas de nuestra cultura, como el andar de las llamas, los misachicos, las campanas de la iglesia de nuestro pueblo, el sonido del tero que representa a la puna, el misterio de los antigales o instrumentos como la flautilla o la matraca’. La música de Vilca no necesita vestirse de coya para mostrar exotismo. Lo suyo es muy distinto. El músico lleva el andar natural y la vibración de su tierra a las canciones, y ofrece un momento de encuentro con la fuerza suave de la quebrada. Melodías sugerentes donde cada nota irrumpe con respeto y certeza en el silencio universal.”

Basta volver a sus temas para entender que el impresionante paisaje quebradeño y su particular silencio quedaron firmemente impresos en la música que Ricardo Vilca nos dejó en su paso por el mundo.

Fuentes:
Revista “Monitor de la educación” N°13 Agosto de 2007
Diario “Argentina Seikyo”
Revista “Hecho en Buenos Aires” Año 3 N° 33 Mayo 2003
Libro “Encuentros con Ricardo Vilca”
Revista “KIWICHA” Año II N° 9 Mayo/Junio 1996
Revista “Semana Gráfica” N°953

Homenajes recientes