Crónicas

El Señor Forastero de Mailín. Una fiesta popular santiagueña en la frontera de la historia y el mito

Por Alberto Tasso*


En el mes de mayo, cuarenta días antes de Pascua, se evoca en Mailín –una pequeña localidad de Santiago del Estero- al Señor Forastero, también llamado de los Milagros. Desde hace un siglo es una de las fechas clave en el calendario popular y religioso de la provincia.

Para describirla recurro a la geografía y la historia, que dan cuenta del ambiente y el momento en que nació. Mailín es palabra quichua que significa laguna o represa natural, lo que se explica porque el lugar está situado en una región de tierras bajas, o de bañados, al SE de la provincia, donde se acumulan las aguas de los ríos Dulce y Salado en el período veraniego; se la conoce como bañado de Añatuya y también como bajos submeridionales.

Está situada junto a un paleocauce del Salado, llamado Gaitán en Avellaneda y Turugún en Salavina, que en el siglo XVII lo unía con el Dulce, como lo muestra un mapa de la época. Dista 10 km de la ciudad de Herrera, sobre la ruta 34, a 154 km de la capital provincial.     

Hace dos siglos esta región denominada Matará tenía más población que aquella ciudad, nos dice Mario Basualdo, mientras Orestes Di Lullo habla de ubérrimas cosechas y caravanas de carretas que llevaban cueros y granos. La cercana localidad de Piruas expresa con su nombre la práctica de guardar y proteger los frutos de la cosecha en la propia casa.

Los orígenes

Ahora voy al momento y la circunstancia de su origen, de la que se han ocupado no pocos historiadores. Los hechos transcurren en 1882, cuando José Serrano vive con su familia en Mailín, donde tiene unas pocas vacas y caballos; durante la época de lluvias cultiva maíz, trigo y anco en un pequeño cerco.

Es uno de los miles de campesinos que viven en Santiago, y tras su nombre y apellido españoles sus ancestros provienen de los pueblos originarios del lugar. Uno de ellos fueron los “mailingasta”, o pueblo de la laguna.

Como muchos otros varones ha viajado en su juventud a las cosechas del sur; también colabora en las tareas que demanda el dueño de la propiedad, llamado José Cruz Herrera, sucesor de los primeros encomenderos y heredero de una antigua merced de tierras.

Una noche José se sorprende al ver una lucecita en medio del monte que rodea su puesto. La situación se repite varias veces hasta que una noche, ya intrigado, decide acercarse al sitio: es un añoso algarrobo con cuatro grandes ramas, que en medio de su tronco tiene una cavidad en la que ve un pequeño crucifijo, iluminado por la misteriosa luz.


Sorprendido por el hallazgo, lo cuenta a sus vecinos y también a Herrera, que vive a apenas diez kilómetros, y pronto decide visitar el sitio. Acuerdan trasladar la cruz a la casa de José, pero él no puede alzarlo, ni siquiera con la ayuda de dos vecinos: es evidente que quiere quedarse allí. La noticia cunde y otros lugareños se acercan al lugar, iniciando sin saberlo el ciclo ritual de visitas que dura hasta el presente.


Herrera, no menos sorprendido por este milagroso hallazgo, decide construir un oratorio junto al algarrobo; ya hecha la obra, el Señor Forastero acepta su traslado. Las visitas continúan y Herrera le ofrece a Serrano una pequeña caja de madera para recibir las limosnas que permitan sostener el naciente culto. Un año después, la caja está repleta y no puede cerrarse.

Templo de Mailín


La historia


Hacia 1859 había ya un curato en Mailín, lo que muestra la importancia que le asignaba la Iglesia Católica a esta región de frontera poblada de fortines defensivos y hasta de prisiones, como es el caso de El Bracho, donde Juan Felipe Ibarra confinaba a sus enemigos; lo muestra la alucinante historia de Agustina Palacio de Libarona –llamada la heroína del Bracho- relatada en la novela Polvo y Espanto, de Abelardo Arias, entre otras obras.

Mientras en otros casos la Iglesia Católica se había mostrado indiferente y en algunos casos hostil a los cultos populares –como en el caso de San Esteban y San Gil- apoyó el culto del Señor Forastero y promovió la construcción de la actual iglesia de Mailín en 1904.


La historia del Señor Forastero comenzó a ser recuperada en las décadas 40 y 50 del siglo XX mediante los textos de memoristas y estudiosos, entre ellos el historiador Orestes Di Lullo.

Sara Díaz de Raed[1] y Amalia Gramajo[2] prosiguieron investigando el tema desde una perspectiva histórica y arqueológica. Gramajo examinó la pieza proponiendo una hipótesis sobre su origen: provendría del templo de las reducciones de Petacas (Depto. Copo) y Abipones (Depto Matará) creadas y conducidas por los jesuitas, entre otras instituciones  que se establecieron en el período colonial para controlar y adoctrinar a los pueblos nativos.[3]


Según criterios artísticos la cruz pertenece a la escuela de arte de Quito. Es de madera dura, de 35 centímetros de altura con un transversal de 23 centímetros, un ancho de 4,5 centímetros de espesor. El marco pintado de color negro incluye también la parte de atrás de la cruz. Este marco da espacio a la parte elaborada artísticamente al frente de la cruz, cuyas medidas son: 33 cm. de altura y 21 centímetros de la parte transversal. El original se venera hasta el día de hoy en el Santuario de Mailín, en una preciosa urna plateada a fuego, del año 1914, elaborada en un taller en Buenos Aires.

La fiesta

En 1914 Mailín tenía unos 400 habitantes; en 2001 llegaban a 649, lo que muestra una pequeña evolución a lo largo de ocho décadas; en el siguiente censo nacional de 2010, apenas nueve años después, la población había aumentado a 1.061 personas (63%). Este rápido crecimiento se debe a muchas causas, entre ellas la importancia adquirida por el lugar a medida que crecía el culto al Señor Forastero.

Veamos como la describía Di Lullo años atrás: "La procesión que se celebra es solemne. Al paso de la pequeña cruz se oyen los estampidos de las bombas y de los cohetes; se desgajan los árboles, cuyas hojas emplea la gente devota para hacer infusiones medicinales por la creencia de que han sido bendecidas por la presencia de la Santa Imagen; se queman estruendos en las patas de los caballos que han sido hallados por sus dueños y que de esta manera cumplen la promesa que hicieron al perderlos; se reza, se canta y pasada la fiesta cada cual retorna a su rancho perdido en la distancia”. (Di Lullo 1960)

En las últimas décadas la celebración adquirió gran relevancia, como lo muestra el número de personas que la acompañan –de 100 a 300 mil- y la procesión de peregrinos que caminan desde Santiago y La Banda. Durante varios meses los lugareños se preparan para esta fiesta que cambiará el rostro de Mailín durante los días culminantes, lo que implica no solo una tradición secular sino también una importante fuente de ingresos.


Tiendas de comida, música, carpas y automóviles se unen a las motivaciones de los presentes, en los que la religiosidad se vincula con tradición, folklore, investigación y periodismo.

Junto a la iglesia están los murales que pintó el escritor y plástico Julio Carreras en 1986. Entramos al templo, ya colmado por la multitud que lo rodea en el atrio. En el centro del altar está la cruz, en una caja vidriada situada a un metro de altura al que se accede por una escalera de mampostería en V invertida.

Los promesantes suben uno a una cuando les llega el turno. Ante la imagen se santiguan, rozan el vidrio y hasta lo besan. Al bajar está la caja –que sucede a la de Herrera- en la que coloca su aporte quien lo quiera. La cruz es también exhibida y paseada ante quienes están afuera.


Ahora

Ya pasados 137 años del hallazgo de Serrano cabe preguntarnos sobre esta fiesta ritual que merece atención no solo de la historia sino también desde otras perspectivas que la enriquecen: antropología, sociología, geografía humana, folklore y estudios culturales.

Los contornos míticos la asemejan al caso de las imágenes de la Virgen María que en el siglo XVII un santiagueño hizo traer de Brasil al puerto de Buenos Aires. La carreta que las traía a Santiago hizo una jornada en Luján, pero no pudo continuar al viaje hasta que una de las imágenes fue descargada. Algo semejante sucedió en Sumampa, ya cerca de la casa del comprador. Como sabemos esto dio origen a cultos de gran significación hasta el presente.

Cultos semejantes al del Señor Forastero son el del Señor Hallado (Depto. Río Hondo), Señor de los Remedios de Flores (Depto. Capital) Señor de los Milagros (Depto. Aguirre) y el Señor de la Salud (Los Peraltas, Depto. Atamisqui), entre otros.

Tuvieron amplia vigencia hasta mediados del siglo XX que luego decreció debido a la emigración de la población rural, la urbanización y la difusión de la modernización cultural occidental, que según Zigmunt Bauman “licúa” los lazos sociales y las creencias tradicionales…

Sin embargo, como hemos visto en el caso del Señor Forastero, su culto ha crecido hasta adquirir el carácter de una fiesta regional, de fuerte significado identitario, en el que se entremezclan religión, folklore, estado, medios de comunicación y, desde luego sus protagonistas, que como peregrinos o visitantes dan prueba de su creciente vigencia.


Fotos gentileza del Área de Cultura de la Casa de la Provincia de Santiago del Estero en Buenos Aires, Coordinadora Dra. María José López, tomadas en la Fiesta del Señor de los Milagros de Mailín por el periodista Daniel Frediani. Agradecimientos a Julio Dardo Rodríguez, integrante del Area de Cultura de la Casa de Santiago del Estero.



Bibliografía

Basualdo Mario (1980): “Rasgos fundamentales de los departamentos de Santiago del Estero”, Santiago del Estero.

Díaz de Raed, Sara

Di Lullo Orestes (1960): Templos y fiestas religiosas-populares en Santiago del Estero”, Santiago del Estero, Talleres Gráficos Amoroso.

Gramajo Amalia y Martínez Moreno Hugo (1995):

[1] Directora del Museo Histórico provincial Orestes Di Lullo cuando estuvo ubicado en Urquiza ...

[2] Directora del Museo Arqueológicvo provincial Emilio y Duncan Wagner. En su investigación colaboró Hugo Martínez Moreno.

[3] Togo José, Garay Luis y Bonetti Carlos (2017): Padrones de pueblos de indios, Instituto de Antropología, FHCSyS-UNSE.



* Nació en 1943 en la localidad de Ameghino, Provincia de Buenos Aires, pero reside en la Provincia de Santiago del Estero. Publicó: Provincianamente. Notas sobre el lugar donde escribimos (ensayo); El momento del mate, (cuentos); Pasando el tiempo. Poesía reunida, 1959-2013; A una mujer dormida y otros pre-textos; Corto viaje sentimental (novela) y Dibujos al carbón (poesía), entre otros. Es sociólogo rural, especializado en migraciones, historia social y de la cultura.