Entrevistas

Estefanía Nurit Sabella Garaffa: "Desde el sur de Rosario hasta Australia no fue un salto de canguro"

En esta entrevista, la artista santafesina Estefanía Nurit Sabella Garaffa nos señala, desde Melbourne, capital cultural de Australia, una oportunidad de reencontrarnos en lo que para nosotros, hoy, es sólo distanciamiento. Desde el sur de Rosario hasta Australia... no fue un salto de canguro.


"Nia Nurit" estudió danza clásica y jazz con quien considera su gran maestra y su segunda madre: Nora Alonso. Pero no solo el arte conformó su infancia de juego e investigación…


Nací en Julio del ´90 al sur de Rosario, Santa Fe. Mi abuelo era un artesano carpintero muy querido y talentoso del barrio Domingo Matheu, quien falleció unos meses después de conocerme. Crecí pasando tardes enteras en el jardín que amorosamente hizo crecer, y yo exploraba minuciosamente. Usando un microscopio y lupas llevaba un diario de lo que iba descubriendo. Armaba collages o dibujaba. Me gustaba crear mundos infinitos, como si me metiera en portales de dimensiones que me llevaran al otro lado del espejo, como una “Alicia en el país de las Maravillas”. 

…y vaya si te transportaron… recorriste toda la provincia… ¿Cómo fue eso? 

Entre los recuerdos que con más frecuencia me acompañan están aquellos viajes por Santa Fé y las provincias vecinas… participando con mis compañeras y compañeros en competencias de danza en San Lorenzo, Paraná, Córdoba… En la adolescencia sumé el canto lírico que conjugué con otros lenguajes como el teatro y la música y comencé a recorrer la provincia como cantante del grupo XARÁ, de música electroacústica con folclore de raíz Latinoamericana.

Resultó hondo el espejo… te llevó hasta Australia. ¿Cómo se toma la decisión de emigrar en tu caso?

En 2014, con 23 años y tras recorrer también un poco las provincias del norte de nuestro país, me sumergí en el universo de la meditación Vipassana, cuyo propósito es ver la Realidad tal cual Es. Eso me conectó con el deseo de seguir viajando y compartirle al mundo el poder transformativo que tenemos los humanos. Comencé a trabajar con el objetivo claro de juntar dinero para salir, di clases de danza por toda la provincia y atendía un local en Villa Gobernador Gálvez.

¿Y por qué Australia?

En principio, porque me brindaba la posibilidad de aplicar a una visa de trabajo que se podía extender hasta 2 años, sumado a la experiencia de vivir en un país de habla inglesa, las magias del paraíso del surf, con serpientes, canguros, koalas y tiburones… Mi niña interior me decía que podía ser muy interesante.

No fue entonces la danza tu primera experiencia allí…

Llegué en agosto de 2017 y mi primera experiencia en Australia fue en una granja de arándanos y frambuesas. Feliz en responsabilizarme de las podas de los arbustos y comer fruta fresca. Siempre he aprendido mucho cerca de la naturaleza. Un tiempo después, junto a mi pareja, Franco, convertimos una camioneta en “casa rodante”, la bautizamos ‘Vanticueva’ y en ella viajamos durante casi un año explorando el territorio australiano. Mientras tanto hacía trabajos freelance de fotografía. 


¿Y por qué te quedaste en Melbourne? 

Casi finalizando nuestro segundo año de visa me aceptaron en la Australian College of Dance, una universidad de artes y me instalé  en la ciudad de Melbourne. Es la capital cultural de Australia. Además de estudiar, comencé a sumergirme en el circuito artístico y firmé contrato con una compañía de danza-teatro llamada “Blink Dance Theatre”.

¿Continuás estudiando allí?

Sí, pero bajo las recientes condiciones de distanciamiento social, la universidad se vio forzada a reformular las clases, que comenzaron a brindarse en formato online. 

¿Tu trabajo también se afectó?

Los trabajos fueron cancelados, sobre todo los proyectos artísticos. El sector cultural se congeló por completo.

¿Y cómo reaccionó el Estado australiano?

Los anuncios que realizó el Primer Ministro garantizaron de inmediato ayuda social y apoyo humanitario, pero todas esas medidas recaían sobre los ciudadanos y residentes permanentes del país, para lo cual mi condición migratoria no calificaba.Para casos como el mío (artista inmigrante con visa de estudiante), se habilitó la posibilidad de realizar un retiro anticipado de los aportes jubilatorios que lleváramos hechos por nuestros trabajos y de ese modo sobrepasar el momento.

¿Y qué está ocurriendo ahora en Australia?

En relación al sector artístico, ya pasados los dos meses del pico de la pandemia, el gobierno desarrolló un plan para expandir el desarrollo de residencias creativas para los trabajadores autónomos -que son los más afectados-, instaurando un fomento financiero. Hace unas semanas se habilitó un fondo de ayuda financiera de emergencia para estudiantes internacionales al que ya no puedo aplicar por estar finalizando mi cursado. Lo que me generaba más ansiedad durante el pico de la crisis, era retomar mis proyectos artísticos pendientes: la creación de coreografías, los espectáculos con Blink Dance Theatre, dar clases... Pero, como aprendí en la práctica Vipassana: “La Realidad como es y no como me gustaría que fuera”. Considero que los seres vivientes somos naturalmente creativos. Pero tengo una despierta sensación de que estamos enjaulados por una cultura pre-programada, indudablemente hegemónica.

¿Ves una oportunidad en la contingencia?

Quizá ésta pandemia sea el catalizador de nuestra imaginación que nos mueva a repensar los modos en los que vivimos la vida. Citando al etnobotánico Terence McKenna en “PLAN, PLANTA, PLANETA”, …”necesitamos catalizadores para decir lo que nunca se ha dicho, para ver lo que nunca se ha visto, para hacer lo que nunca se ha hecho. Tenemos que dejar de Consumir cultura, tenemos que Crear la nuestra”. Estoy desarrollando un proyecto independiente que habla acerca de cómo nos movemos en el espacio doméstico, con las limitaciones actuales para la actividad al aire libre y bajo la serie de formatos digitales que estamos utilizando; y cómo a través de éste amalgamiento de recursos podemos reconstruir un nuevo lenguaje simbiótico. Pensémonos como sociedad pasando un proceso de metamorfosis simbólico: Hasta hoy, la oruga es el único ser vivo que cambia por completo su ADN cuando se convierte en mariposa. La serpiente, por ejemplo, cambia su piel para habilitarse un crecimiento saludable y remover parásitos que podrían haber quedado pegados a su antigua piel. Como una gran entusiasta de nuestra inter-relación con el medio ambiente, mi idea es que a través de las formas podamos naturalizar nuestra cultura, que culturalicemos las formas que tiene la naturaleza, y que naturalicemos la cultura a nuestra forma. Si esto es muy confuso, te sugiero que escuches música del altiplano y plantes dedos en la tierra. No hay tiempo para explicar: plantemos para enraizar. El tiempo para todo es Ahora. Por mí, por vos, por nuestra salud y la del planeta.

Retrato: Arca Oltra