Entrevistas

Litto Nebbia: "Rosario siempre tuvo el desarrollo de la vida bohemia, del arte"

Hablar con Félix Francisco Nebbia Corbacho, el nombre real de nuestro conocido creador del Rock Argentino junto a otros grandes referentes, es dialogar con una especie de libro abierto, con una persona que vivió una vida prolífica en la que la creación se encuentra en forma permanente. Litto es un señor que, a sus 71 años, sigue investigando el arte como en su adolescencia. Hablamos con él sobre el pasado, presente y futuro. Gran influencia para artistas como Charly García y Luis Alberto Spinetta. Nebbia está sentado en el bar de la esquina de su célebre sello / estudio Melopea para contar historias, pequeñas porciones de una vida en la que el presente constante es el motor que lo impulsa a seguir naufragando.

Por Andrés Ruiz

- Naciste en Rosario ¿Cómo se formó tu familia? Imagino que habrán llegado inmigrantes desde Europa.
LITTO: Los inmigrantes son mis abuelos. De parte de mi papá, Nebbia, vinieron desde Assis, Italia. Llegaron al puerto de Rosario porque, por lo que me contaron, cuando se escapaban muchos inmigrantes desde Europa, arreglaban desde allá dónde iban a terminar llegando. Así que podían venir al puerto de Buenos Aires, Mar Del Plata o Rosario. Y bueno, en Rosario cayeron los Nebbia con mi abuela y sus dos hijas, que eran mayores que mi padre. Se instalaron y tenían sus mangos porque mi abuela tenía carbonería, no había gas. O sea que el carbonero lo vendía. Luego nació mi papá en Rosario, en 1912. Lo de mi madre fue un caso parecido, pero son españoles, los Corbacho. Son andaluces. Vinieron mis abuelos maternos escapando del Franquismo y también llegaron al puerto de Rosario, donde nació mi mamá en 1922. Su hermano nació después. Falleció hace mucho, era un genio del ilusionismo y la magia, el profesor "John Carver". Era muy famoso y, alguna vez, trabajó con él de partenaire siendo chico Juan Carlos Baglietto. Viste que los magos siempre necesitan a alguien para colaborar con sus actuaciones. Así que esos serían mis orígenes familiares. Mi madre luego estudió música para dedicarse a ser concertista de piano. Quería tocar música popular y se escapó de su casa por la ventana, sus padres no querían que se dedicara a la música. Según me contaron, se escapó embarazada de mí. Había conocido a mi papá así que esa fue mi primera fuga. Mi papá también tenía problemas con su familia porque el abuelo Nebbia, carbonero, era bravo. Por supuesto pensaba que el que se dedicaba a la música era un vago y le pegaba con un cinto. Ambos se escaparon y se fueron a vivir a una pensión para arrancar con una vida totalmente bohemia y no tuvieron más contacto social con sus familiares, lo cual hizo perder el contacto de vida, de sucesiones, de temas legales, casas, lo que fuera. Eran como las ovejas negras de la familia. Así fue la vida que tuvimos viviendo juntos en las pensiones hasta que vine a mis 16 años a vivir a Buenos Aires a intentar suerte y además con una creencia de ellos de que, si me iba bien, nos iba a ir bien a los 3 y podíamos salir del pozo. Vivíamos con una orfandad que no te podría explicar. No con tristeza. Porque en mi casa siempre había arte. Estoy hablando de cine, música. Yo no puedo decir: “éramos pobres”. No teníamos un mango, esa es la verdad.

- Pudiste nutrirte de chico de música, cine, libros...
LITTO: Claro. Había algo especial donde vivíamos en Rosario. Viste que, en general, los lugares de emergencia quedan en zonas periféricas de las ciudades. En Rosario, estas pensiones albergaban a gente que no tenían casa y alquilaban. Por ejemplo, en la última pensión donde alquilamos vivimos 9 años. La considerábamos nuestra casa, pero era una pieza. Esas pensiones quedaban en pleno, pleno centro. Imaginate, yo vivía en Maipú 956, que todavía está, y en la manzana de la pensión donde vivía, estaban las 8 distribuidoras de cine, la Paramount, la United Artists, la 20th Century Fox. Entonces yo ya de chiquito tenía acceso a la información de las películas que llegaban antes que a los cines. Ahí, al lado, tenía una de las peatonales, más importantes, y a mis 9 años salía y veía todo eso. Después conocí a un loco, Marchetti de apellido, del que me hice muy amigo. Era difícil por entonces tener una barra grande de amigos. En la peatonal había un negocio de un judío que traía revistas importadas. Yo no tenía para comer, pero los miércoles compraba la revista Melody Maker (muy importante por entonces). Así que mi vida era compensada culturalmente. Y ni hablar de las películas que veía con mi viejo. Había semanas que veíamos 12 películas.

- ¿Cómo hacían para entrar al cine?
Litto: En casi todos los cines entrábamos gratis porque nos conocían, y éramos queridos, porque nos consideraban parte de la bohemia. Entrábamos a los 3 principales cines que eran llamados: "cines de hombres". No entraba ninguna mujer, salvo mi madre. Eran cines que siempre estaban llenos. Lunes, martes, miércoles, jueves. Además, en estos cines se podía fumar y tomar alcohol. Los lunes daban 3 películas. Siempre buenas, de serie negra, clase B, blanco y negro, cine francés. Los martes daban otras 3 buenas, el miércoles también otras 3 buenas hasta que llegábamos al jueves. Ese día era el especial, con películas más nuevas que las anteriores. Eran más estrenos. Ahí yo aprendía sobre John Ford, Alfred Hitchcock... Aprendí sobre los compositores de las películas... Max Steiner. Sabía tanto como si hoy estuviéramos hablando de Bob Dylan ¿Entendés? De tanto ver, de tanto prestar atención. Yo coleccionaba los programas de los cines con mi viejo y mi amigo. Teníamos una especie de piso de cultura. Hoy en día tengo todos los discos de esos compositores.

- Por lo que me comentás, absorbiste mucha información que venía de Europa y Estados Unidos...
LITTO: Había de todo. Estaba por ejemplo el Festival de San Remo en los '60. Eso también llegaba. No era lo que más me gustaba, pero enhorabuena. Llegaban los grupitos ingleses, algo de jazz. De chico ya conocía a Chico Hamilton, ese tipo de cosas.

- ¿Y la música rosarina por entonces?
LITTO: Yo conocía a los artistas del centro, de donde vivíamos en las pensiones. En el centro también estaban las radios. Eran muy importantes en esa época. Vos podías tener tu programita semanal cantando tus canciones y te pagaban un sueldito. A esos programas iba la gente gratis a oírte en un auditorio. Llegó un momento en el que mi vieja tenía un programa en LT2 los días martes y mi viejo un show en LT1. Yo estaba en LT8 los días domingos, acompañado por amigos jazzeros de mi viejo. Y bueno, te pagaban a fin de mes unos mangos y con eso vivías. Además, mi viejo tenía alumnos en la pensión, alumnos de canto, música. Igual siempre andábamos a las corridas con la guita, porque mi viejo tenía un problema con el juego. Vos podías cobrar un fin de semana una fortuna y los lunes ya no había más plata. Problemas con el azar, una enfermedad. Esa era nuestra vida y todo el día estaba presente la música. No había otra cosa. Ellos, mis padres, me enseñaban. Más que enseñarme, me transmitían. Lo positivo es que nada de lo que me enseñaban estaba orientado específicamente a ganar dinero. Hoy escucho por ahí a gente joven que dice: “voy a estudiar administración de empresas”, y ¿qué es administración de empresas? Sin subestimar a nadie, ni a mis viejos ni a mí se nos ocurriría estudiar algo así. No se les ocurría decirme que estudiara una profesión por el monto de dinero que pudiera ganar. En el fútbol, cuando un padre ve que su hijo ataja bien la pelota le gustaría que fuera futbolista, o quieren que un niño termine siendo Maradona o Messi. Quiero decir, todo el Mundo quisiera que su hijo o pariente sea millonario, pero no se puede elegir una profesión únicamente con ese anhelo.

- Creo que fuiste tocado por la varita mágica al tener padres como los que tuviste...
LITTO: Sí, siento que fue un privilegio a pesar de que se dio todo de una manera muy natural. Siempre fui intuitivo, creo que sabio... Pero sabio de la vida. Creo que fue un privilegio porque hoy día sigo encontrando jóvenes que quieren dedicarse a algún rubro y el primer escollo que tienen es la familia. Y es cómico, porque las familias quieren que se dediquen a otra cosa porque se supone que quieren lo mejor para ellos. Es bravo, debe ser bravo eso. La verdad nunca tuve ese problema.

- ¿Y los discos por entonces, Litto? ¿Cómo llegaban a Rosario?
LITTO: Sí, bueno. Llegaban singles. Era increíble la cantidad de simples que salían. Los discos “oficiales” que eran editados en el país los escuchaba en la disquería, pero los otros los bajaban los marineros que venían de afuera cuando venían al puerto. Los escuchaban en la semana y después te los vendían o te los cambiaban por otras cosas. Éramos igual cinco los que estábamos atentos a eso: Ciro Fogliatta, Oscar Moro, Kay (integrantes luego de Los Gatos) y otros amigos. Ahora estoy viendo bastantes series y hay una inglesa que me parece extraordinaria que se llama: “Inspector Gently”. Transcurre durante los años '60 y trata del típico inspector pensante con una moral altísima y tiene un ayudante joven que está peinado como George Harrison. Tienen varios encontronazos, pero al final terminan haciendo buena yunta. En un capítulo buscaban a un fotógrafo que retrataba modelos en lugares como Piccadilly Circus o Carnaby Street. Recién salía la minifalda. El ayudante tiene que ir a un baile matinée en el que hay adolescentes. La música que suena es la de los Small Faces, los Kinks. Cuando va ahí, a ese baile, las pibas y pibes llegan con sus pilitas de simples y cambian discos como figuritas. Eso hacían los marineros que venían a Rosario. Comprar eso era como comprar chicles. Y traían música que te morías.

- Bueno, fue también una suerte nacer en Rosario, una ciudad con un puerto tan importante ¿No?
LITTO: Sí. Rosario siempre tuvo el desarrollo de la vida bohemia, del arte. Es un lugar en el que siempre encontrás gente que está haciendo algo. Ahora mismo vas y encontrás lugares donde canjean discos, gente que está haciendo un cortometraje. Siempre encontrás personas que están haciendo algo, por lo menos donde es el centro de la ciudad. Es una ciudad en la que siempre hubo un gran movimiento.

- ¿Y cuál es la magia que tiene Rosario?
LITTO: Primero, es un lugar en el que siempre pasaron cosas. Esas cosas que coinciden con lugares que tienen puerto, tomando a Liverpool como ejemplo. Tiene a la vez una conciencia en la que no quiere parecerse a Buenos Aires. No es una cuestión de bronca a los porteños. Es un tema de personalidad. Las mujeres, por ejemplo, se visten divinas y tratan de no copiar la moda de Buenos Aires. Es una ciudad que tiene su estilo. Al margen del talento que tiene cada uno, con la música pasa lo mismo. Tiene un sonido que es de ahí. Después pasaron cosas también con comics, dibujos, no solo Fontanarrosa y todo eso. Es un lugar con un piso fuerte. Por ejemplo, yo tengo discos o demás cosas que se editan solo en Rosario. Tengo un libro increíble sobre la historia de los cines en Rosario, con los programas y las sinopsis de cines históricos. Después una enciclopedia con la historia de los músicos de Tango rosarinos. Salen como cuatro mil, incluyendo a mi vieja. Otro libro que trata de un compendio de los edificios de los años '30 en Rosario. Están las fotos de cómo eran. O también otro de los bares que dice quiénes paraban en esos bares. Dónde iba Gardel. Dónde iba Agustín Magaldi. Tiene arte que a veces ves que no tiene Buenos Aires. Otra cosa que veo de Rosario es de proteger lugares, por ejemplo, el famoso bar "El Cairo", que en un momento lo quisieron cerrar y querían que fuera una playa de estacionamiento. Un par de flacos con ayuda de la Municipalidad lograron rescatarlo. Hoy en día sigue siendo uno de los bares más emblemáticos. Estoy hablando de un bar como "El Cairo" donde, antes de que yo naciera, era un lugar en el que animaban orquestas desde las cuatro de la tarde hasta las cuatro o cinco de la mañana. En esa época mi viejo subía a cantar con esas orquestas. Tocaban Tango, música gringa, Jazz…

- Y cuando eras adolescente ¿Eso seguía sucediendo?
LITTO: Eso ya se había cortado. Seguía el café con los billares. Ahí es el momento en el que empiezan a poner música grabada. Antes encontrabas músicos tocando. De ahí nace el derecho de intérprete, la AADI (Asociación Argentina de Intérpretes). Los músicos decían “¿Cómo? Nosotros grabamos los discos y la gente los pasa en los boliches y no nos contratan más”. Es algo que estuvo bien pensado. El músico de Tango tenía conciencia de compañerismo, algo que hoy no sucede ni siquiera con el Rock. Hay solidaridad en lo elemental, como que muere alguien y van al velorio. Pero hablo concretamente de ayudar a tipos, y ahí se creó algo que protegía a los artistas. Estoy hablando de algo que se creó a fines de la década del '40, principios de la década del '50. Los inspiradores de esto fueron Homero Manzi, Cátulo Castillo. Tipos que tenían una cabeza grande como una mesa. Eran poetas excelentes que sabían de derechos laborales. Hoy el arte está conducido por personas a las que llaman productores, y ahí fuiste. No en todos los casos, viene bien aclararlo. No generalicemos para que nadie se ofenda (se ríe).

- Cuando llegas finalmente a Buenos Aires, junto a Ciro Fogliatta en la época de Los Gatos Salvajes, ¿te costó mucho arraigarte a la ciudad?
LITTO: No, no. Yo soy de adaptarme a los lugares. Estoy acostumbrado desde chico a viajar mucho. A la vez, cuando no toco, me considero muy hogareño. Vivo muy encerrado en mi casa con mi mujer. Mismo ahora, voy a tocar a España un par de meses y arreglo la habitación de hotel con Alex (su esposa) como si fuera una casa. No te olvides de que yo, antes de que tocara, acompañaba a mis viejos en las giras por pueblos y ciudades. Era todo a tracción a sangre. No era que mis padres tenían un demo y los contrataban. En algunos lugares me mandaban a cantar con pantalones cortos, lo cual era un drama porque me daba vergüenza y lloraba. Íbamos a pueblos como Las Parejas, les gustaba el espectáculo que hacíamos y nos decían: “bueno, vengan el mes que viene”. Así era. Era llegar a una pieza y tener un lugar donde bañarnos. Quizás por eso, volviendo a Buenos Aires, creo que me adapté tanto, mismo hasta en mi exilio. Ojo, cuando llego a un lugar que no me gusta me quiero rajar a los quince minutos.

- Los Gatos Salvajes fueron una especie de preludio a la masividad posterior de Los Gatos. ¿Cómo pudiste llevar el tema de hacerte repentinamente muy conocido?

LITTO: Nunca me interesó el tema de la fama y todo eso. Creo que eso también tiene que ver con la onda que tenían mis viejos. Para mí lo de Los Gatos Salvajes fue la experiencia piloto. Cuando vine a Buenos Aires solo lo hice con un pasaje de ómnibus rumbo a la aventura. Mis viejos se quedaron en Rosario. No teníamos un mango, no había guita. Hubo noches en las que dormíamos en plazas. Pero éramos tan jovencitos que tampoco lo vivíamos como si fuera un drama. El tema de tener un proyecto en mi cabeza ayudó, el tener una idea obsesiva. Yo tenía ese proyecto, no con una idea de ambición, sino de sostenimiento. Entonces nos la fuimos bancando, y de dormir en una plaza o una humilde pensión de repente un año después vivíamos en un hotel de lujo. Nunca me deslumbró dormir en una plaza ni vivir en un lugar extraordinario. Tengo un equilibrio, gracias a mis padres, de no creérmela. Por supuesto que da satisfacción que guste mi música y vivir con el confort de pasarla razonablemente bien. Nunca concebí mi música con la idea de “ser famoso”. He visto en este ambiente tantos tarados que se creen Mick Jagger, pero los mejores son los más humildes.

- Contame cómo era la experiencia de los viajes con Los Gatos. Esos viajes por provincias o países...
LITTO: No existía el criterio de un recital o concierto. Tocábamos muchas veces en distintas localidades y nuestro espectáculo duraba media hora, aproximadamente. Teníamos muchos plomos como el legendario Actemín, que nos permitía hacer cuatro o cinco actuaciones en una noche. Un sábado normal terminábamos a las cuatro de la mañana. Era algo así hasta que inventamos lo de los recitales. Se nos ocurrió que, como teníamos éxito, era una buena idea presentar el segundo disco que tenía “Viento dile a La lluvia” en un lugar con un público sentado. Antes era una discusión: “¿Cómo vas a obligar a una persona que se siente a escuchar una canción?”. Hicimos la primera prueba en el Teatro Payró, con lleno total. Tocamos la mayoría de canciones de los primeros dos discos. A las dos semanas surgió que nos llamara una persona que tenía un Teatro en Acassuso. Fuimos y llenamos y a partir de ahí se generó la movida de los recitales. Es algo que acá empezó a generarse en 1968. Ya para el '69 tocábamos en el Gran Rex o el Pueyrredón de Flores. El Astral empezaba a hacer recitales. Antes eso no existía.

- Ahí es que empiezan los shows del sello Mandioca ¿No?
LITTO: Claro. Se empieza a abrir todo.

- Después de Los Gatos tenés un cambio muy importante en tu música, incursionando en ritmos como el folklore, el jazz, fusionando estos estilos con el rock... ¿por qué tuviste ese viraje musical?
LITTO: Bueno, eso llega porque en mi formación escuché todo tipo de música. No era de escuchar tanto folklore en mi adolescencia, pero sí por ejemplo escuchaba música brasileña, Jazz. Conocía mucho de Tango. Muchas de las canciones que se me ocurrieron luego de Los Gatos no eran para interpretarlas con un típico grupo de Rock. No podía obligar a un grupo establecido a hacer lo mío. Ahí fue que busqué otras maneras para poder expresarme. Ahí fue que comencé a tocar solo con mi guitarra. Ahí fue que me decían que cómo no iba a estar acompañado por una banda, que cómo iba a aparecer sólo en un escenario. Esa fue la introducción a algo más libre, a pensar en nuevos sonidos. La rítmica me llevó luego a juntarme con Domingo Cura o Dino Saluzzi. Algunos creen que me había ido al folklore, o que cuando hacía algo lento era que hacía bossa-nova. Mucha gente siempre quiere rotularte de la manera que sea.

- Y el público del rock, ¿cómo tomó ese cambio?
LITTO: Al comienzo fue todo muy arduo. Muy duro. No te olvides de que Los Gatos llegaron a estar primeros en venta en muchos países de América. Incluso en lugares a los que nunca fuimos a tocar, que no conozco. Por ejemplo, en países como El Salvador. Fuimos a tocar a países limítrofes, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil, Bolivia y pará de contar. Cuando nos separamos teníamos para ir a otros lugares. Nos habían ofrecido ir al Olympia de París. Pero decidimos seguir nuestros caminos por distintos lados y, como suele suceder, hay corrientes que se evaporan. A partir de ahí empecé un recorrido más under. Antes nos escuchaban millones. Incluso podía escucharnos más gente de lo que hoy sería Soda Stereo. Voy a esto porque Los Gatos le gustaban no solo a los de nuestra generación, también gustábamos a gente más chica y más grande de edad. Le gustábamos a gente que le gustaba Sandro o Los Panchos o los Beatles. Imaginate que de repente esa gente ve a un tipo tocando otro tipo de acordes. Eso en un principio generó un rechazo fuerte y me llevó muchos años estabilizarme. Son esos años en los que yo me niego a tocar cualquier tema viejo y me gano una reputación de ogro en el que renuncio a hablar de mi pasado. No era para nada así. Si hubiera pensado en términos económicos seguía teniendo el kiosco cantando hasta los 70 años las canciones de la misma manera. Ahora puedo estar más tranquilo haciendo mis canciones de distintas formas porque tengo más de cien discos grabados. Discos como los de Huinca, o Nebbia' s Band eran muy resistidos. Eran discos tildados de vanguardistas. Pasaba también con bandas como Aquelarre.

- Eras indudablemente un artista underground para la época.
LITTO: Sí, sí. Incluso ahora con el paso del tiempo y las reediciones se están reconociendo un montón de cosas que en esa época no eran valoradas, por favor.

- Me imagino que también girabas igual por el país, con un presupuesto más moderado...
LITTO: Ahí di en la tecla conociendo a Néstor Astarita y Jorge González. Tocamos juntos durante seis años e hicimos discos muy lindos como el que hicimos en 1973 llamado: “Muerte en la Catedral”, o en 1974 que hicimos: “Melopea” o luego: “Vendedor de promesas”. Tocamos juntos durante seis o siete años hasta que llegó el exilio. Eran excelentes músicos, pero a la vez también nos llevábamos muy bien. Pasaban situaciones como estar comiendo en algún lugar y venía alguien que nos decía que tenía un lugar y nosotros decirles: “ah, muy bien. El martes podemos ir”. Íbamos, armábamos y tocábamos. Por ejemplo, tocamos en un Teatro que se llamaba De la Vieja Cooperativa que quedaba enfrente del Teatro Astral, en la Avenida Corrientes. Tocábamos durante cinco horas. Iban ochenta, noventa vagos que nos seguían y se quedaban las cinco horas. Era un ciclo que hacíamos los miércoles y eran zapadas, no típicas de Rock. Íbamos a pueblos en donde no tenían la menor idea de qué iban a escuchar, lo que hacíamos y éramos bien recibidos. Canciones como: “La ventana sin cancel” o “El otro cambio, los que se fueron”, no eran conocidas, pero gustaban a algunos fans que siempre teníamos. También había gente que no entendía nuestra música o las letras. No era el reconocimiento como el que tuve el otro día en el Torcuato Tasso, donde toqué: “La ventana sin cancel” y se venía abajo. Las canciones crecieron y también creció la gente.

- Y en el año 1978 viene el exilio en sincronía con el Mundial.
LITTO: El fútbol tiene un arraigo desde lo masivo que no hay con qué darle. También lo tiene a veces la música, pero va desde otro lado. Imaginate que, en ese momento, con el Mundial haciéndose acá, todo el mundo hablaba de eso. Y muchos de nosotros, que no éramos futboleros veíamos todo eso de forma extraña. Por supuesto queriendo a nuestro país, desde ya. El día que Argentina ganó la final, fuimos a tocar a Jazz & Pop (legendario reducto del Jazz porteño) con Dino Saluzzi. Mientras íbamos caminando al lugar pasaban autos y camiones con gente gritando. Cuando llegamos no había nadie para vernos, obviamente estaba todo el mundo festejando. Tuve amenazas, tuve de todo. No me gusta mucho hablar explícitamente de eso porque me hace mal. Tuve amenazas, gente que me seguía por la calle. Si no tomaba la decisión de irme me iba a morir de un ataque de nervios o me iban a dar un disparo en la cabeza.

- ¿Y por qué fue México el destino?
LITTO; Primero porque yo quería seguir en América. Estaba la opción de ir a España o México. Confié más en México. Me decían que no era como Estados Unidos, donde quizás podría hacer música para películas. Y no me veía haciéndome norteamericano. Entonces tomé la decisión de México por el idioma, aunque no me conociera nadie. Y estuvo bien, porque toqué en algunas universidades, en algunos bolichitos. Venían estudiantes a verme y me preguntaban cómo había hecho eso. En México estaba todo por hacerse, no existía eso de tocar tus canciones. Eso ocurrió casi 20 años después. Lo mío era una rareza, lo habitual era que los músicos hicieran covers de las canciones de moda. En México estuve tres años y medio, allá compuse: "Solo se trata de vivir" e hice algunos discos, volviendo para la época de Malvinas donde se podía volver a entrar al país.

- En esa época es que la música en inglés no se podía pasar y hay un nuevo auge a conveniencia del Rock Nacional, una terminología que tengo entendido no te gusta.
LITTO: Yo lo llamo Rock Argentino. El Rock Nacional es una expresión generada en la Dictadura, lo sentía como algo peyorativo, como que si tenías el pelo largo y tocabas decían "no, es de esos que hacen Rock Nacional". A mí me hinchaba eso, y llamaba a nuestro Rock como Rock Argentino. Y el Rock Argentino tiene una identificación particular, comparado con otros países de América. Es Rock Argentino.

- Volvés a Argentina y a los pocos años comenzás un nuevo emprendimiento llamado "Melopea". Primero volvés y formás parte del sello RCA, y luego decidís fundar un sello independiente.
LITTO: Había sellos independientes muy buenos previamente como Trova. También estaba Music Hall. Donde se editaban discos de afuera pero también grababan Gieco, Santaolalla, Charly, Pappo. La idea de sello independiente siempre fue que el músico que grabara ganara o perdiera, pero sin tener que consultar a alguien del business. Cuando volví del exilio firmé nuevamente con RCA. Habían puesto como Director a un norteamericano. Cuando el tipo llegó, pidió todos los papeles de lo que había hecho el sello en los últimos diez años. Y entre lo que quiso modificar, les dijo a los que estaban dentro del sello que, por qué yo, que había vendido bastantes discos, no seguía ahí. A Piazzolla y a mí nos habían devuelto el contrato en 1974. Tuvieron que explicarle a este señor que mi música no era comercial. Se llamaba Larry Palmacci. Me citó y me dio plata, me dijo que quería reponer todos mis discos anteriores. Al año y medio siguiente lo acostaron los de la RCA local y lo mandaron de vuelta en el container, con su familia, con todo. Y la compañía volvió a funcionar como había funcionado siempre. Yo ya venía planeando lo del sello. Desde la visión de músico, de querer experimentar, grabando tranquilo lo que me gustaba. Eso era lo que yo quería hacer. Nunca lo hice pensando en la problemática comercial que podía traerme. No lo pensé desde un lado de si iba a ganar o perder.

- ¿Y perdiste plata con el sello?
LITTO: ¡Pero mil veces! Mil veces, no sabés. Pero nunca lo pensé desde el lado de perder. Muchas veces no me alcanza para pagar los gastos, pero los cubro con los derechos de autor, con música para películas, con una gira, un libro. Nunca fui de hacer cuentas, si no no hubieran salido los discos que salieron. Hay discos que son un disparate. Siempre concebí la idea desde el músico. Cuando fui a México, vi que había un departamento que pertenecía a la CBS, hoy Sony. Tenían algo, un departamento que se llamaba Productos Especiales. Si ibas y pagabas podías hacer un disco de tu abuelo, si querías. Hice la cuenta con dos o tres amigos mexicanos que me ayudaron mucho y que por suerte siguen estando, con los que decidimos hacer un disco y venderlo donde yo tocara. Terminamos haciendo varios, incluyendo uno de Rodolfo Alchourrón, otro de Manolo Juárez, otro de Alejandro Del Prado, el primero. Los vendíamos en las tiendas culturales que había. Había una cadena cultural llamada "Ghandi", y ahí se vendían los discos y se podían hacer recitales los fines de semana. Cuando vuelvo firmo con la RCA y a los dos años finalmente me decidí a hacer el sello. Yo quería hacer más cosas y me decían que esperara dos años. Fui craneando todo y lo primero que hice fue editar discos por Interdisc. En los discos decía la palabra Melopea, pero los discos eran editados por Interdisc. Está bien, salieron los discos, pero no quedé conforme. Y bueno, por entonces iba a lo de una psicóloga. Te hablo del año 1985, más o menos. Entonces la psicóloga un día me dijo: “usted va a tener que terminar teniendo su sello propio o va a terminar matando a alguien”. La única manera, cuando vos no podés solucionar algo, es solucionarlo vos. Agarré y me tiré a la pileta. Empezamos con mi vieja que siempre ideaba planes y vivía donde hoy está Melopea. Mi viejo falleció joven y mi madre vino a Buenos Aires. Antes era su casa y me decía: "¿Por qué no ponemos una alfombrita y traes los equipos?". De pronto estábamos con albañiles tirando todo abajo para montar un estudio de grabación. Cuando estuvo el estudio al año y medio, que nos costó porque debíamos tener la plata, me dije que iba a pensar más allá de ganar o perder. Me quedé ahí desde el año 1989. Ya estamos cumpliendo treinta años. Hay mucha porquería que tiene el arte, pero también hay que saber comprender que quizás es una prueba que te pone el destino. Porque si no todo sería sencillo.

- Nombrame artistas del país de los que te sientas orgulloso de que hayan sido editados por el sello...
LITTO: Bueno, por ejemplo, puedo mencionar al Dúo Salteño. Edité el último disco de ellos. Después lástima que se pelearon. Los primeros discos de Adriana Varela, creo que los produje bien. Siguen siendo hoy discos muy solicitados y respetados. Muchos discos que produje de Tango, de Antonio Agri. Fats Fernández, un gran trompetista. Hice tres discos del último cantor de Troilo, Tito Reyes. Hice discos de Suma Paz. No sé, imaginate que hicimos más de seiscientos discos. Estoy muy contento con muchas cosas que hice.

- Es bueno también tu forma federal de concretar tus proyectos musicales. Muchas veces seguís girando por el país y tocando con músicos locales.
LITTO: No es que toque con cualquiera. En el Sur toco con músicos, con el Power Trío. Con ellos toco, de hecho, voy a ir con ellos a tocar a México. Ellos viven en General Roca, son muy buena gente, Julián Cabazza y Gustavo Gianini. A mí, la verdad, ya no me preocupa qué hacen los otros, pero no es que hablo desde la autosuficiencia, sino que en definitiva veo que cada uno hace lo que puede hacer. Y si yo tengo esta mentalidad y he dedicado mi vida a vivir como vivo, ¿Qué me importa como vivas vos si encima vivís de una manera que me parece que te estás perjudicando? Por eso tampoco entiendo las discusiones políticas que hay hoy en día, ese odio, esta grieta como se llame. No sirve para nada, lo veo como una porquería. Salvo que alguien lo difunda para manipular a la gente. Ahora viene un tipo y se sienta acá y dice que es admirador de Hitler y bueno, yo no le doy bola. Yo me voy. Como también quizás si le doy un disco de Archie Shepp a alguien y me dice que no lo entiende. La confrontación no va para atrás ni para adelante.

...El café se terminó. Es hora de volver a Melopea donde lo esperan para seguir grabando. Y el compositor no se detiene. Quizás es la frase de una de sus tantas canciones que lo define en estado puro de la creación. El compositor no se detiene.



Fotos: Damián Barbarosch