Entrevistas

María del Rosario Andrada: “En general no importa el cómo sino lo que se dice”

La poeta catamarqueña recorre en esta entrevista algunos tópicos de su escritura signada por la mitología calchaquí y el paisaje. También se refiere a su trabajo como abogada y a sus amigos poetas.


Por Alejandra Correa


Rosario, tu poesía está atravesada por la mitología calchaquí. ¿Cómo llegaste a ella? ¿qué te atrajo?

La mitología fue siempre una pasión en mi vida desde chica, en casa había una colección de Leyendas Indígenas Petaquitas, de Editorial Peuser, que mi abuela me leía. En el secundario me apasionó la historia del Antiguo Egipto, leía también la Ilíada y la Odisea de la colección Atlántida, como Robinson Crusoe y otros libros que mi padre atesoraba. Nunca dejé de leer, Robert Graves, Joseph Campbell, Frazer... Luego ahondé la historia de mis ancestros y quedé atrapada en la cosmovisión andina, en sus leyendas. Siento que soy parte de ellos, una suerte de mestizaje que me une y me redime.

La mutación o la posibilidad de que un ser pueda definirse en muchas esencias diferentes está presente en estos personajes mitológicos. ¿Son una clave para leer tu poesía?


Sí, hay mutaciones permanentes en los personajes centrales porque son seres mitológicos, trasmutan en el sexo inclusive. En el caso de Huayrapuca, la serpiente es madre e hijo a la vez, creadora del acontecer y destructora. En el libro Los Señores del Jaguar, que son los guerreros que custodiaban al rey antes de la llegada de Cortés, hay una profecía que cuenta que se producirá el apocalipsis con la llegada del dios serpiente, un ser de dos cabezas. Por supuesto, son todas invenciones mías, como era el templo, la misión que les fue encomendada, las iniciaciones de esos guerreros…

¿Qué lugar ocupa la infancia en tu obra?

Soy lo que soy por mi infancia, recuerdos que nunca me abandonan, lecturas, olores, diálogos con mi abuela, las plantas de mi casa, las siestas, los juegos.  La imaginación era un viento que nos llevaba a lugares increíbles y, creo que aún perdura, me ayuda a escribir historias.

¿Cómo pensás que irrumpe el paisaje catamarqueño en tu poética? 

El paisaje me envuelve, me obsesiona. Las montañas, ese pequeño paraíso. A veces desde una ventana veo los teros y un río que corre a metros de la casa, allá en Las Juntas. Tengo pasión por las alturas, lugares como Antofagasta de la Sierra, la puna con sus volcanes, sus llamas y alpacas, los salares donde abundan garzas y flamencos rosados, lugar al que dediqué mi libro “Profanación en las Alturas”. Tuve la suerte de visitar el Balcón del Pissis, a casi de 4800 metros de altura con toda la belleza que trasmiten las lagunas Verde, Azul, Negra, los Aparejos y Tres Quebradas. Es una zona denominada los seismiles porque los montes superan los 6 mil metros, como el monte Piscis, que tiene 6.793 metros en la cordillera de los Andes, junto a volcanes, lagunas y los famosos sitios RAMSAR. 

María del Rosario, en la región de los "seismiles", en los andes catamarqueños


¿Cómo se compagina tu trabajo como abogada y tu escritura?

Son las dos caras de una misma moneda. Me apasiona el derecho, creo que hasta ahora pude separar los dos mundos evitando que la escritura de uno se convierta en un corset para el otro. Tengo unos cuentos de la Inquisición que se relacionan en cierta medida, se llaman “Las Tres Caras de la Herejía”, y otros inéditos. He trabajado y trabajo mucho con mi profesión. Obviamente me quita el tiempo que me gustaría darle a la escritura, pero nunca fue un impedimento u obstáculo en mi camino por la literatura.

Hablanos de tu gran amigo, el poeta Leonardo Martínez. ¿Cómo fue conocerlo, compartir con él, despedirlo?

Yo amé a ese ser luminoso. Lo conocí cuando el regresaba de Tucumán, hace más de 30 años, cuando comenzó a escribir, porque se encontró con la poesía ya grande, antes se dedicó a la música, era un excelente pianista. A partir de ahí nuestra amistad fue cada vez más fuerte, aun cuando tiempo después se radicara en Buenos Aires. Siempre lo veía rodeado de sus amigos Francisco Madariaga, Santiago Sylvester, Juan José Hernández, Ivonne Bordelois, Jorge Paolantonio, Quico Salgado, el “Teuco” Castilla y otros.  Era muy generoso, desprendido, siempre tenía una palabra de aliento hacia los jóvenes escritores, les leía, los integraba a sus círculos de lectura. Lo extraño mucho porque éramos muy confidentes, hablábamos casi todos los días, me hablaba de autores, de libros recién editados. Lo visité cuando estaba grave y aún consciente, pude ver en sus lágrimas un adiós, abracé entonces sus manos sabiendo que no lo vería más. 

¿Con qué otros poetas en general dialogás sobre poesía? ¿Con qué catamarqueños?

Dialogo con los poetas catamarqueños Alfredo Luna, Hilda García, Jorge Paolantonio, Enrique Traverso y Alejandro Acosta y, por supuesto con un arco muy amplio de escritores amigos de distintas provincias.

¿Qué opinás sobre el panorama actual de la poesía argentina? Aunque amplio, tal vez podés darnos una visión sobre qué te llega, qué opinas sobre lo que se escribe…

Hay de todo un poco, la poesía es siempre una, cuando llega, conmueve y te sorprende. Hay libertad para la estructura y composición de un poema, incluso de la novela. En general no importa el cómo sino lo que se dice. 

María del Rosario Andrada, entre dos amigos poetas: Carlos J. Aldazábal y Alfredo Fressia