Análisis

Orquestas infanto-juveniles, una puerta a la música

Durante los últimos años en nuestro país, el movimiento de orquestas infanto-juveniles ha crecido exponencialmente. Son una puerta de entrada para que chicos y jóvenes se acerquen al aprendizaje musical y a la práctica orquestal. Conciertos y festivales, con una gran afluencia de público, completan las claves de este fenómeno que se sostiene con el trabajo de los docentes, las instituciones y una comunidad que acompaña todo el proceso.


Por Lic. César Oscar Castro

Basta detenerse en el Festival de la Ciudad de Chascomús (Provincia de Buenos Aires) que sigue realizándose cada dos años, como en “Iguazú en concierto”, “Jujuy Corazón Andino” o el recientemente estrenado “Festival Provincial de Orquestas Infantiles y Juveniles de Santa Cruz, Glaciares en Concierto”, para comprender que la actividad desplegada por las orquestas infanto-juveniles crece año a año en nuestro país.


Para hablar de “movimiento orquestal infanto-juvenil” es necesario definir el amplio panorama que abarca en Argentina ya que, según la propuesta y estructura de trabajo, las orquestas se pueden enmarcar en cuatro grandes grupos. Es importante esta distinción porque, si bien como premisa las orquestas infanto-juveniles tienen un objetivo en común, la forma y estructura de funcionamiento presentan grandes diferencias en cuanto a su desarrollo, sin que esto amerite un juicio de valor.

Por un lado, las Orquestas Académicas son espacios de práctica orquestal, de acceso en general por concurso, para instrumentistas en formación o ya formados por profesores particulares o en institutos terciarios o universitarios, centrados en el desarrollo técnico individual. Tal es el caso de la “Orquesta Académica Juvenil Teatro Libertador San Martín”, de la Universidad provincial de Córdoba o la Orquesta Juvenil Municipal de General Roca dependiente de la Dirección de Cultura de la ciudad, que cuenta con 90 músicos menores de 18 años que reciben clases de instrumento y audio aparte de participar de la orquesta.

Una segunda categoría son las Orquestas de “Educación Musical” en las que sus integrantes realizan esta formación específica aprendiendo a ejecutar un instrumento en agrupaciones de instituciones públicas o privadas, incluidas las comunitarias. Tal es el caso de lo que sucede en la provincia de Misiones con el Centro de Educación Musical (CEMu), a cargo del Consejo General de Educación de la Provincia, junto con la Fundación Grillos, con sedes en distintas ciudades. Se trata de 27 aulas satélites de Orquestas y / o Coros con una matrícula que fluctúa alrededor de los 2000 alumnos en toda la provincia. 

Miguel Brizuela, coordinador de las orquestas, señala que: “Las orquestas comienzan con una base de instrumentos (que por supuesto nunca es suficiente) y a medida que avanzan los proyectos, a través de la vinculación con las comunidades, se van acercando recursos para afrontar compras de otros instrumentos, generar cursos, giras, presentaciones y demás. Sin duda, las acciones del CEMU y de la Fundación Grillos se potencian a sí mismas, generando un fluir de conocimiento, cursos, capacitaciones, encuentros, festivales en toda la Provincia de Misiones. Todas las acciones se manifiestan claramente en el crecimiento de vocaciones artísticas, como así también en el acompañamiento de un público que consume conciertos, productos que son emergentes de toda la actividad pedagógica y artística de los diferentes CEMUs y de la Fundación Grillos”.



Con la mirada puesta en lo social

Una tercera modalidad son las “Orquestas Sociales”, proyectadas como espacios de acceso a bienes culturales, retención escolar y especialmente enfocadas en la contención. Son generalmente de inscripción abierta, con centro en una escuela y promovidas desde los organismos de educación formal. Muchos proyectos están radicados en barrios de vulnerabilidad social. Tal el caso de la “Escuela de Música CASA” que tiene sedes en la Villa 1.11.14 del Bajo Flores y en Villa Soldati, en la Ciudad de Buenos Aire, la Asociación civil “Benjaminos” de la provincia de Córdoba con una orquesta en la Villa La Tela y una escuela recientemente estrenada (La casita del Sol) en el Barrio San Ignacio Javier. Algunos ejemplos en la provincia de Buenos Aires son la orquesta Infanto-Juvenil “La Pandilla” ubicada en la Isla Maciel o la de Florencio Varela por nombrar solo algunas y en la Patagonia podemos ver que Villa Rada Tilly organizará su segundo festival “Miremos al Sur” con la participación del CEMU de Posadas, Misiones.

Al preguntarle a la fundadora de la Escuela de Música CASA, Mailén Ubiedo Myskow, por el rol que cumple el proyecto dentro de su comunidad, explica: “Es un espacio de encuentro comunitario muy valioso. Un espacio de expresión y contención para nuestros chicos. Los acompañamos muchísimo desde lo emocional y lo familiar. Generamos proyectos de vida, la posibilidad de proyectar/soñar a futuro. Logramos que muchos chicos con dificultad de integración grupal puedan ser parte de los grupos como pares reales. Y hay un fuerte trabajo sobre la autoestima que se refuerza en los eventos, conciertos y otras participaciones”.


Por último están las orquestas que implementan la pedagogía “Orquesta-Escuela” y que buscan, a través de una metodología educativa específica, la integración comunitaria desde un trabajo de inserción e impacto poblacional. Tal es el trabajo de la Fundación Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Argentina (SOIJAr) que ya cuenta con referentes en muchas provincias.

Valeria Atela, directora y fundadora de la institución, explica que “la Pedagogía ‘Orquesta-Escuela’ tiene como meta la formación integral y la búsqueda de las virtudes personales de nuestros alumnos para la elección y la posibilidad de concreción de un proyecto de vida personal con sentido comunitario. Metodológicamente se lleva a cabo convocando la participación específica con inclusión de niños, niñas y jóvenes, desde los 3 años y hasta los 25, en situación de vulnerabilidad socio educativa a través del trabajo articulado con distintas escuelas, comedores, entidades barriales y culturales. De esta manera promovemos orquestas y coros basados en la diversidad socio-comunitaria, favoreciendo la transformación de situaciones de relego, incluyendo además propuestas de educación especial. Para lograrlo, trabajamos cubriendo el 80% de nuestro cupo con poblaciones de diferentes situaciones de vulnerabilidad, y un 20% a través de una inscripción abierta. Así buscamos lograr una verdadera integración social. Esta metodología, además, permite que los chicos sean parte importante de la orquesta inmediatamente, por eso nuestras obras musicales están ‘intervenidas’ para que sean Multinivel y brinden la oportunidad de que todos aprendamos a convivir en armonía, disfrutando de nuestra diversidad que es mucho más divertida que si ‘sonamos’ todos iguales”.

Atela explica cuál es el método de trabajo de la Orquesta-Escuela: “Se trabaja desde tres dimensiones a la vez: la individual, la grupal/familiar y la comunitaria que se integran para la práctica musical en conjunto, pero que son una propuesta de un modo de vivir que puede aplicarse para la escuela, el ámbito laboral, los amigos, el barrio... Nuestro desafío como docentes es lograr equidad, por eso simbólicamente decimos ‘que a veces el 99% de nuestro trabajo es antes de llegar al atril’, antes de poder iniciar un proceso. Desde la educación musical esto puede reflejarse simplemente en la elección de un estudio u obra musical que tenga que ver con determinadas afinidades o talentos, pero por supuesto, el contenido elegido para el proceso de formación, tiene que permitir trabajar lo que buscamos que aprendan para el desarrollo personal y colectivo. En nuestra búsqueda de aprender a vivir en comunidad lo que trabajamos con los chicos es el cultivo de ‘la voz personal’ uniéndola luego a la de un grupo instrumental/vocal, equivalente a nuestra ‘familia’, y desde allí alcanzar juntos el desafío de desarrollarnos con otros distintos a nosotros en la orquesta o el coro que, como agrupaciones, se convierten en un todo más amplio, un lugar de promoción donde aprendemos a ser la mejor versión de nosotros mismos siendo parte de una comunidad diversa, desde allí nuestra propuesta de educación ciudadana”.

En este camino, Atela reconoce el aporte público (la Municipalidad local y años más tarde se sumó la Provincia de Buenos Aires) y el respaldo privado de empresas para la compra de los instrumentos. “Así comenzamos la experiencia en mi hermosa ciudad natal por la que recibimos el Kónex en Educación (2008-2017) y se convirtió en un movimiento con niños, jóvenes y adultos de toda la Argentina siendo declarada Chascomús Capital Nacional de las Orquestas Infantiles y Juveniles por el Congreso. Si no hubiera sido por cada granito de arena, por cada puerta abierta, no hubiera sido posible esta realidad y tanto nuestro surgimiento como su evolución es, ante todo, una historia de voluntades encontradas, bendiciones recibidas y de sueños alcanzados con muchísimo trabajo que podría sintetizar en una profunda vocación de transformación personal y colectiva”.



El poder transformador del arte

Además de “los poderes emotivos y sensibilizadores”, según recientes estudios universitarios de prestigiosas instituciones a nivel mundial reconocen el valor terapéutico de la música como remedio para aliviar dolores, bajar la ansiedad y acelerar la recuperación de los pacientes. 

Por su parte, los musicoterapeutas comprueban mejoras indiscutibles en la posibilidad de expresarse de cualquier paciente y está comprobado también que la música mejora las habilidades del habla, la escucha y la comunicación en general. La enseñanza de este arte estimula la mente y las destrezas matemáticas. 

Si todos estos beneficios se dan sólo al escucharla, el ejercicio cerebral necesario para tocar cualquier instrumento y su constante práctica cotidiana diaria desarrolla autodisciplina y en particular, lo que se conoce como “música clásica” facilita la apreciación de procedimientos complejos. Cada vez que en las reformas educativas se quita de la currícula la materia “Música”, reaparece el tema de su importancia. 

Se sabe que figuras como Athos Palma, quien además de músico y pedagogo ocupó distintos cargos, entre ellos como Inspector General de Música en el Consejo Nacional de Educación, implementó coros y orquestas en las escuelas de nuestro país, y que aunque con los vaivenes propios de la actividad, continúa hasta la actualidad.


Todos los movimientos orquestales son una experiencia permanente de transformación, inclusión, integración, equidad y promoción social. No existe desarrollo sostenido y verdadero de una comunidad sin la posibilidad del acceso a los derechos culturales, si cada ciudadano no encuentra su propia “voz” y puede compartirla con los demás.

Desarrollar estas propuestas con responsabilidad, compromiso y pasión, son ingredientes fundamentales y necesarios de la receta Orquesta Infanto-Juvenil. Es un desafío muy grande en nuestro país lograr la sinergia de todos los actores, contando la gestión de los recursos necesarios para sustentarlos en donde no sólo intervienen los docentes sino toda la comunidad de pertenencia. De otra manera sería imposible que se mantuvieran en el tiempo con la sola intervención de sus directores.

En Argentina, como en cualquier parte del mundo, el éxito y la verdad de una propuesta de este tipo se asientan en la búsqueda de la excelencia como posibilidad igualitaria. Para ello, es fundamental capacitar y formar permanentemente a los docentes y referentes de las orquestas como también transferir esa capacidad a las nuevas generaciones que se constituyen en multiplicadores de su experiencia de vida.

Afortunadamente nuestro país tiene un gran compromiso con el rescate y preservación del acervo cultural, generando siempre nuevas maneras de producirlo y difundirlo. En este marco, hay que destacar la gran oportunidad existente de acercar el arte musical a muchos niños y jóvenes en todo el territorio a través de las diversas propuestas que se desarrollan con este fin, gracias al incansable trabajo de muchísimos referentes en la materia distribuidos en todo el territorio federal con una fuerte presencia sociocultural en cada una de sus regiones. El panorama se muestra muy alentador para que muchos chicos argentinos tengan la oportunidad de integrar orquestas y vivirlas a pleno y algunos de ellos puedan ser futuros músicos profesionales y directores. 

Con mayores o menores recursos, las orquestas infanto-juveniles tienen vida propia y son celebradas por la sociedad en su conjunto.