Homenaje

Isabel Neirot, sembrando mishquila de arpas

                                                                                              Refugio de musiqueros, 
                                                                                              de vida humilde y gentil
                                                                                              sus arpas bordaron notas
                                                                                              que aún guardan las noches copleras de allí
                                                                                              Frag. “Esquina ‘el campo” (Canqui Chazarreta)


De Andrés Chazarreta Ruiz, para El Faro

Un domingo de abril pasado, nos sorprendió la noticia de la partida de Isabel Neirot, gran arpista y amiga con quién el destino nos hizo recorrer algunos tramos de camino juntos. Abril, seguramente, es mes de fiesta en el más allá, también ese mes se nos fueron Andrés Chazarreta, Miguel Simón y Sixto Palavecino…


Isabel Neirot nació en la ciudad de Santiago del Estero. A la edad de ocho años comenzó sus estudios de arpa con el profesor Alberto Gorosito (Hijo de Gumersindo Gorosito, quien fuera arpista en la orquesta de Andrés Chazarreta) para luego, seguir sus estudios con el Profesor Walter Morato en la Provincia de Tucumán.

A muy temprana edad obtuvo el Primer Premio como solista instrumental en el “Encuentro Nacional Infantil de Folklore” de La Cumbre, Córdoba, continuando un largo camino por escenarios de nuestro país y países vecinos como Chile y Paraguay.

Más allá de su trayectoria como artista, que fue importante, quiero rescatar su vocación como docente, formadora de nuevos talentos y su trascendencia política como gestora cultural, recuperando para los santiagueños su relación identitaria con el arpa; habiendo convertido su proyecto cultural en su proyecto de vida, encontrando resultados satisfactorios, más allá de que esto no siempre se acompañó del rédito económico, lo cual para ella resultaba secundario.


A fin de ponernos en contexto voy a comenzar diciendo que el arpa fue un instrumento de gran trascendencia en la música de la antigua región del Tucumán. Introducida a nuestro territorio por los Jesuitas, tuvo participación sola e integrando orquestas de música religiosa y profana en el período colonial y luego, en la construcción de nuestra nación. Fue protagonista principal en las fiestas de los salones y la campaña. En nuestra región, los lugareños empiezan a construir el instrumento que toma denominación de “arpa tucumana”, instrumento diatónico, con bajos profundos que, del mismo modo que la pentatonía influye la forma de la música andina, influye con su diatonía la forma melódica y armónica de la música de la región. Integró las orquestas de música folklórica a fines del siglo XIX y principios del XX y, cuando en 1911, de la mano de Andrés Chazarreta, el arte popular se subió a los escenarios formales, estuvo presente en manos de los “arperos” Eulogio Ledesma, Domingo Aguirre y Segundo Baltasar Gallardo. Con el correr del tiempo y la introducción del bandoneón, sus dimensiones le jugaron una mala pasada y fue desapareciendo de las orquestas de campaña y después, casi totalmente.

Isabel, consciente del rol que le tocaba al ser casi la última de esta estirpe de “arperos”, llegó un día a la Subsecretaría de Cultura de 2005 con un proyecto bajo el brazo… Era la organización de un encuentro de arpistas a nivel nacional e internacional. A pesar de lo ambicioso y casi inalcanzable que sonaba, se accedió al apoyo… Así nació el “Mishquila de Arpas”, donde participaron, entre otros, arpistas de Venezuela, México, Perú, Chile, Colombia, Brasil Francia, Suiza, y, por supuesto Paraguay, de donde nos visito en casi todas las ediciones el Mtro. Nicolás Caballero, considerado el mejor arpista del mundo. El evento fue creciendo en calidad y prestigio, generando un ambiente de camaradería entre sus participantes, donde el compromiso de Isabel, acompañada de su familia, jugó un papel fundamental.

En 2008, estando como director del Museo de Ciencias Antropológicas “E. y D. Wagner” en el anterior emplazamiento, en instalaciones del Teatro “25 de Mayo”, me cuenta de su intención de formar nuevos arpistas en un Taller – Escuela; desde ya mi respuesta fue que, el lugar, ya lo tenía, el Salón Olimpia Righetti en el museo y, se gestionó con la Subsecretaría de Cultura la adquisición de dos arpas, ése fue el punto de partida del Taller – Escuela “Segundo Baltasar Gallardo”.

Hoy nuestro medio cuenta con algo más de veinte arpistas, formados para abordar amplia variedad de repertorios, con la técnica de los “viejos arperos”.

Esta es una pequeña semblanza-homenaje de alguien que, en su amistad a compartido, en el cruce de caminos, proyectos artísticos y sueños. Simplemente, gracias, Isabel, por haber pasado por nuestra tierra, como dice la zamba, “sembrando mishquila (en quichua: dulzuras) de arpas”.